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Trastornos del espectro autista y predicción del comportamiento social

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Una de las características de las personas afectadas de trastornos del espectro del autismo (TEA) es que les resulta más difícil que a los normotípicos evaluar los pensamientos, las emociones y las intenciones de los demás en forma individual.  Los rasgos de TEA en la población general también se han asociado a un déficit a la hora de inferir los estados mentales de otros (teoría de la mente), a la imitación social y al reconocimiento y procesamiento de las emociones.

Un equipo de la Universidad de Yale hizo la primera prueba a gran escala de si esto se extiende a la hora de predecir el comportamiento de las personas en grupos. Para su sorpresa, encontraron lo contrario; las personas con autismo son en realidad mejores que el resto de la población para predecir las respuestas colectivas.

La investigación publicada en los Proceedings of the National Academy of Sciences ha evaluado a 6.595 personas para valorar la presencia y gravedad de rasgos asociados con el autismo, y a continuación les ha planteado una serie de pruebas para estimar sus habilidades psicológicas sociales. Cuanto más probable era que alguien fuera diagnosticado con autismo, mayor era su capacidad para predecir el comportamiento colectivo. En otras palabras, aunque una persona con autismo es menos probable que pueda observar a un individuo y decir si es feliz o no, es más probable que prediga acertadamente el resultado de los estudios psicológicos en cuanto a si ciertas situaciones hacen más feliz a la mayoría de las personas.



Esta investigación tiene algunas limitaciones. Entre otras cosas, sólo se incluyeron personas que se encuentran dentro del rango normal de inteligencia con lo que se excluía a una parte significativa de la población con autismo. El estudiante de doctorado Anton Gollwitzer y los demás coautores también señalan que las personas con TEA tenían un promedio sólo un poco más alto que los controles en las pruebas psicológicas sociales que diseñaron, en contraste con puntuaciones mucho más bajas en los juicios sobre las acciones individuales. Es decir, las personas con autismo son ligeramente mejores que los normotípicos para predecir un comportamiento grupal, pero considerablemente peores para predecir un comportamiento individual. Por otro lado, los resultados son lo suficientemente consistentes como para hacer muy improbable que el efecto sea el producto de tamaños de muestra pequeños o poco representativos. Participaron personas de 104 países y los resultados fueron confirmados en todos los países con más de 100 participantes.

Para tratar de entender las razones de su inesperado hallazgo, Gollwitzer y sus colegas realizaron un estudio más profundo en 400 individuos. Los hallazgos se presentaron independientemente de que los participantes hubieran realizado cursos sobre el tema, por lo que era poco probable que los participantes hubieran estudiado psicología en un esfuerzo por superar los desafíos que enfrentan, y hubiesen adquirido algún conocimiento de psicología social en el proceso.

En cambio, los autores encontraron que las personas que son buenas para predecir los resultados psicológicos de un grupo también tienden a tener un talento intuitivo para la física y un interés en la ingeniería, ambas señales de habilidad para sistematizar.

De hecho Gollwitzer y los otros autores indican en el abstract que la relación entre los rasgos de autismo y las habilidades para una mayor psicología social se pueden fundamentar en una alta capacidad de sistematización. «Nuestros resultados indican que la percepción de la persona y la predicción social generalizada son habilidades sociocognitivas divergentes que se predicen mediante procesos diferentes», escriben los autores. En otras palabras, existirían distintos tipos de cognición social y los rasgos de TEA se relacionarían positivamente con una habilidad cognitiva social que permitiría predecir fenómenos psicológicos de un grupo. Un ejemplo más de que las personas con TEA tienen habilidades mejores que la media en algunas tareas y que el mundo es más rico y mejor gracias a ellos.

 

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Sobre El Autor

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Doctor por la Universidad de Salamanca. Catedrático de Biología Celular y Director del Laboratorio de Plasticidad neuronal y Neurorreparación del Instituto de Neurociencias de Castilla y León. Ha sido investigador posdoctoral y profesor visitante en la Universidad de Frankfurt (Alemania), la Universidad de Kiel (Alemania), la Universidad de California-Davis (USA) y el Salk Institute for Biological Studies (San Diego, USA). Conferenciante invitado en universidades de España, Alemania, Suecia, Dinamarca, Colombia, Turquía y Estados Unidos. Director de de 15 Tesis Doctorales, 10 de ellas Premio Extraordinario de Doctorado. Ha publicado 9 libros, 28 capítulos de libro y 133 artículos científicos en las principales revistas internacionales de su especialidad. Escribe frecuentemente sobre divulgación científica y el mundo universitario en prensa española (El País, ABC, El Mundo, Expansión,…). http://jralonso.es/

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