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Durante más de diez años me he estado preguntando si conocía de verdad lo que son los trastornos del espectro del autismo o TEA. Los he sentido en mi propia carne, pero aun así no he obtenido las respuestas que buscaba.

Muchos piensan que los TEA se pueden curar, pero en mi opinión no es así. No existe una inyección que quite el autismo o una pastilla que elimine la hiperactividad y desórdenes de conducta. Lo que sí podemos hacer es disminuir la ansiedad, reducir el estrés o controlar el entorno y las emociones. Muchas veces me he dejado llevar por el miedo al “¿qué dirán?” o “¿qué pasará?”. Pero poco a poco, ese miedo ha ido desapareciendo de mi vida y ahora vivo otras emociones más positivas.

Por otra parte, hay profesionales que me han guiado durante estos años, a los cuales les agradezco su ayuda, pues sin ellos no podría ser quien soy ahora. Médicos, psicólogos y terapeutas que me han ayudado hasta el día de hoy. No obstante, quienes siempre han estado a mi lado son mis padres.

Debo reconocerles el mérito y la dedicación que han tenido, pues su tarea de criarme no ha sido fácil. Sigo creciendo a pesar de todo y siempre aprendo por el camino; aunque a veces pierda a personas, encuentro a otras. Y así, el bamboleo constante de la vida continúa sin parar.



Pero quería hablar sobre el TEA. ¿Qué es? Muchas veces me he hecho esa pregunta. La respuesta simple es definirlo como un conjunto de trastornos que afectan negativamente a las relaciones sociales y, a veces, a la psicomotricidad de la persona. No obstante, hay tal cantidad de trastornos que englobarlos todos en el mismo lugar parece contraindicado. Desde el más leve, el Asperger (o autismo de alto funcionamiento) hasta el autismo clásico, el más grave de ellos. Sin embargo, este mismo año se ha eliminado el Asperger como trastorno, así que habrá que emplear otro nombre para el mismo. No se me ocurre ningún otro apropiado, pues es necesario crear un nombre nuevo.

Los TEA muchas veces influyen negativamente en nuestras relaciones sociales, pues manifestamos comportamientos inesperados o impropios ante los demás. Por ejemplo, realizar aleteos de brazos en una reunión de amigos o moverse nerviosamente delante de otro sin poder evitarlo. También hay que tener en cuenta que los patrones repetitivos nos calman a las personas con un TEA, es decir, realizar una tarea, múltiples veces de la misma manera. Por ejemplo, escribir a máquina copias impresas, planchar, coser, etc.

Hay que abandonar el prejuicio de que las personas que tenemos TEA somos poco sociables. Que tengamos pocas habilidades para la comunicación no significa que no queramos comunicarnos. Por ello es vital que la gente se conciencie sobre este asunto para que todos podamos hacer amigos. Por último, debo aclarar que las habilidades de comunicación incluyen la capacidad de expresarnos con gestos, pues en muchas ocasiones desaprovechamos la ocasión, e incluso nos cuesta mirar a los ojos a nuestro interlocutor cuando nos está hablando.

Autor: Jesús Ignacio Garza Olivares


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