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Los adolescentes con un trastorno del espectro del autismo (TEA) van cuatro veces más a urgencias que sus compañeros sin autismo, según un estudio del Penn State College of Medicine publicado en el Journal of Autism and Developmental Disorders. Estos resultados sugieren que los jóvenes con autismo necesitan un mejor acceso a los servicios de atención primaria y a los especialistas, más atención a su estado de salud por parte de sus padres y cuidadores y más investigación, porque estamos especialmente centrados en los niños con TEA y es bastante probable que estemos haciendo caso omiso o al menos haciendo mucha menos investigación, sobre la situación de los adolescentes.

La transición a la adolescencia es una época particularmente estresante para las personas con TEA y sus cuidadores porque las presiones sociales aumentan, los cambios en la madurez sexual y física generan una problemática especial y la tensión emocional de los padres también se incrementa. Una encuesta entre padres de adolescentes con TEA encontró que más de la mitad consideraban que los servicios disponibles para ellos y sus hijos son insuficientes y que se ven abocados a situaciones no deseables como hospitalizaciones.

Los investigadores usaron datos de compañías de seguros privadas, entre los años 2005 y 2013, en niños, adolescentes y jóvenes, de entre 12 y 21 años. Aunque el porcentaje de muchachos con autismo en la población adolescente no se incrementó a lo largo del período de 9 años, el número de visitas a urgencias se quintuplicó y pasó de un 3% en 2005 a un 16% en 2013. En el mismo período, el uso de servicios de urgencias en adolescentes sin autismo permaneció estable en torno al 3%. Los adolescentes con autismo de más años van más a urgencias que otros muchachos con autismo más jóvenes, van más las chicas que los chicos, y van más los de zonas rurales que los de zonas urbanas.

Los estudios previos habían mostrado que aunque los jóvenes con autismo deberían tener más consultas con los médicos de familia y los especialistas que sus compañeros, en realidad usan menos esos servicios, por lo que es muy posible que exista un vínculo entre el escaso uso de los servicios de cuidados preventivos y el excesivo uso de los servicios de urgencias.

A lo largo del período de estudio hubo un aumento en el número de adolescentes con TEA que iban a urgencias por una crisis de salud mental y en 2013, al final del estudio, el 22% de los usos de urgencias tenían un problema relacionado con el comportamiento frente a un 12% en 2005. Los muchachos menores de 10 años requieren más servicios sanitarios no psiquiátricos mientras que en los mayores de esa edad son los psiquiátricos la principal demanda. Los principales problemas no psiquiátricos fueron epilepsia y síntomas neurológicos (9-15%), problemas gastrointestinales (15%) incluyendo náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal y estreñimiento, infecciones del tracto respiratorio superior (7%), infecciones virales (7%) y otitis (5%). Con respecto a las consultas de psiquiatría, lo más común son problemas de comportamiento, trastornos del estado de ánimo (depresión, trastorno bipolar, etc.), autoagresiones y agresiones.

Otro aspecto que probablemente juega un papel son los cambios relacionados con la pubertad y la transición a la vida adulta, que pueden ser más difíciles de manejar por los jóvenes con autismo frente a sus compañeros. Sin embargo, es posible que padres y cuidadores —según los autores del estudio— no sean conscientes de que estos jóvenes con TEA necesitan un extra de guiado y apoyo en esta época vulnerable. Algunos adolescentes con autismo, bajo esa situación de estrés, ansiedad y falta de orientación se pueden hacerse daño a sí mismos, con cortes por ejemplo, que terminan en un ingreso en urgencias.

El equipo de investigación está buscando factores modificables que permitan reducir las visitas a los servicios de emergencia y las hospitalizaciones resultantes en los adolescentes con autismo. Estos pacientes tienen que ser seguidos, cuidados y monitorizados. Debe haber una comunicación mejor entre esos adolescentes y sus cuidadores, y de unos y otros con sus médicos de cabecera y los especialistas. Si conseguimos hacer un mejor seguimiento del estado de salud de los jóvenes con TEA podremos reducir sensiblemente el número de visitas a urgencias, disminuyendo el estrés y la ansiedad que eso implica para toda la familia. Si es necesario convencer a las autoridades sanitarias se puede usar el argumento económico: en la actualidad la demanda de los servicios de salud de un adolescente con TEA son de 3 a 7 veces superiores a los de un adolescente sin TEA. Un mejor uso de los servicios sanitarios iría en beneficio de todos.

Para leer más:

  • Liu G, Pearl AM, Kong L, Leslie DL, Murray MJ (2017) A Profile on Emergency Department Utilization in Adolescents and Young Adults with Autism Spectrum Disorders. J Autism Dev Disord 47(2): 347-358.

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Esta y otras más informaciones de gran interés podéis leerlas en mi blog personal UniDiversidad. Observaciones y pensamientos.


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Sobre El Autor

Doctor por la Universidad de Salamanca. Catedrático de Biología Celular y Director del Laboratorio de Plasticidad neuronal y Neurorreparación del Instituto de Neurociencias de Castilla y León. Ha sido investigador posdoctoral y profesor visitante en la Universidad de Frankfurt (Alemania), la Universidad de Kiel (Alemania), la Universidad de California-Davis (USA) y el Salk Institute for Biological Studies (San Diego, USA). Conferenciante invitado en universidades de España, Alemania, Suecia, Dinamarca, Colombia, Turquía y Estados Unidos. Director de de 15 Tesis Doctorales, 10 de ellas Premio Extraordinario de Doctorado. Ha publicado 9 libros, 28 capítulos de libro y 133 artículos científicos en las principales revistas internacionales de su especialidad. Escribe frecuentemente sobre divulgación científica y el mundo universitario en prensa española (El País, ABC, El Mundo, Expansión,…). http://jralonso.es/

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