Tóxicos y alteraciones en el neurodesarrollo infantil
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Los niños en los Estados Unidos, hoy en día se encuentran en un inaceptablemente alto riesgo de desarrollar trastornos del neurodesarrollo que afectan el cerebro y el sistema nervioso, incluyendo el autismo, trastorno de hiperactividad con déficit de atención, discapacidad intelectual, y otra discapacidades de aprendizaje y de comportamiento. Para estudiar este aspecto en profundidad se ha puesto en marcha el proyecto TENDR “Targeting Environmental Neuro-Developmental Risks” 1, para ello un grupo extenso de científicos se unió en el año 2015 para llevar adelante este gran proyecto.

En base a la evidencia científica disponible, los investigadores están identificando los productos tóxicos que más aumentan los riesgos en el neurodesarrollo, tanto a nivel prenatal como postnatal.

La realidad sobre los tóxicos y las alteraciones del neurodesarrollo se enfocó, equivocadamente, durante muchos años en el compuesto organomercuriado que se usaba como conservante en las vacunas, denominado tiomersal. Este aspecto hizo que muchos países, y como medida de precaución, lo eliminaran de las vacunas pediátricas ante el pánico general y su posible relación con el autismo. Quince años después de la retirada de este compuesto de las vacunas de uso pediátrico, no se ha observado ninguna variación en la prevalencia del autismo en ninguno de los países que lo eliminaron. Por tanto, quizá las causas están en otra parte. Esto es el objetivo del proyecto TENDR, identificar los agentes químicos que sí están demostrando de forma sostenida y con evidencia su impacto en el neurodesarrollo.

¿La dosis hace el veneno?

La toxicidad de cualquier sustancia química depende de muchos factores, incluyendo la cantidad que entra al cuerpo de un individuo. Una vez que el químico es absorbido por un organismo, puede ser metabolizado o convertido en otras formas químicas a través de procesos biológicos. La toxicidad de cada tipo de sustancia química también depende de si es excretado del cuerpo, o almacenado en el hígado, los riñones, la grasa o en otros tejidos.

Sin embargo, la toxicidad química es más complicada que los efectos agudos causados por la exposición a corto plazo en altas dosis. En años recientes ha aumentado la preocupación acerca de los efectos crónicos de la exposición a largo plazo a dosis relativamente bajas de contaminantes en las aguas, alimentos y el medio ambiente. Debido a que nuestros cuerpos metabolizan los diferentes químicos en varias maneras, las pequeñas dosis de algunos contaminantes crean efectos acumulativos que eventualmente afectan negativamente a nuestra salud, mientras que la exposición similar a otros químicos no causa ningún daño.

¿Cual era el impacto estimado?

La Academia Nacional de Ciencias (EE.UU.) informó que el 3 % de todos los trastornos neuroconductuales en los niños, como el trastorno del espectro del autismo (TEA) e hiperactividad (TDAH), son causados por la exposición a sustancias tóxicas en el medio ambiente y que otro 25 % son causados por interacciones entre los factores ambientales y la genética. Pero las causas ambientales precisas aún no se conocen (National Academies of Science, National Research Council. Scientific Frontiers in Developmental Toxicology and Risk Assessment.  ISBN 978-0-309-07086-7).

El proyecto PHIME Europeo

Científicos del proyecto financiado con fondos comunitarios PHIME («Impacto en la salud pública de la exposición a largo plazo a concentraciones bajas de elementos variados en estratos sensibles de la población») advirtieron que incluso un nivel bajo de exposición a metales tóxicos puede resultar perjudicial para la salud humana. El equipo de PHIME hace un llamamiento a los responsables políticos para que controlen de forma sistemática los niveles de metales tóxicos a los que está expuesta la población y tomen medidas para reducir la emisión de este tipo de sustancias al medio ambiente.

Presencia de dioxinas en la leche de las madres alemanas. El descenso observado a partir de 1989 se debe a la aplicación de reglamentos ambientales más protectores para la salud humana y animal.

Presencia de dioxinas en la leche de las madres alemanas. El descenso observado a partir de 1989 se debe a la aplicación de reglamentos ambientales más protectores para la salud humana y animal.

El proyecto TENDR

Trabajos como el de Di Renzo y colaboradores (En libre acceso), publicado en diciembre de 20152, aportan una visión basada en un amplio cuerpo de evidencia científica sobre cómo la exposición a determinados tóxicos impacta en el neurodesarrollo.

En el año 2009, la Endocrine Society’s, publicó su primera declaración sobre el impacto de los disruptores endocrinos ambientales, y en 2015 3 hizo públicas una serie de advertencias sobre el impacto directo en la salud de este tipo de compuestos, los cuales por cierto, nos rodean. Hicieron especial hincapié en:

  • Bisfenol A, presente en muchos plásticos. Afecta a nivel embrionario, a través de la leche materna y de forma ambiental. Se encuentra en el revestimiento de muchos alimentos y bebidas enlatadas tal que prácticamente todo el mundo está expuesto de forma continua.
  • Ftalato, se usan con frecuencia en los esmaltes de uñas, adhesivos, masillas, pigmentos de pintura, juguetes de niños y en la mayoría de los juguetes sexuales.
  • Atrazina, un herbicida ampliamente utilizado.
  • Bifenilos policlorados y polibromodifenil éteres, una amplia variedad de aplicaciones utilizan estas mezclas, incluyendo plastificantes en caucho y resinas, papel autocopiativo, adhesivos y pinturas y tintas.
  • DDT ( dicloro difenil tricloroetano) y DDE (Diclorodifenildicloroetileno) , el DDT es un insecticida industrial y doméstico sintético con una larga vida media, el uso extenso, y naturaleza lipofílica que ha hecho que sea un prominente contaminante ambiental. Estados Unidos prohibió el DDT en 1972 debido a sus efectos sobre el medio ambiente y los posibles efectos en la salud humana. El DDT y sus metabolitos, diclorodifenildicloroetileno (DDE) y diclorodifenildicloroetano (DDD), se han asociado con enfermedades endocrinas tales como tumores testiculares, cáncer de endometrio, cáncer de páncreas , diabetes mellitus tipo 2, y cáncer de mama.

Un estudio español estudió la asociación entre niveles maternos prenatales de diclorodifenildicloroetileno (DDE) e infecciones respiratorias de vías bajas (IRVB) en lactantes, aislándola del posible efecto de otros organoclorados 4. Se incluyeron 657 mujeres que acudieron al centro de salud para la revisión del primer trimestre de embarazo desde julio del año 2004 a julio de 2006. El 13% de los lactantes tuvo IRVB recurrente en los primeros 14 meses de vida. El DDE fue el único organoclorado que, ajustando por factores de confusión, mostró asociación con IRVB tanto aislada como recurrente.

El estudio de Boyle y colaboradores del 2011 5, cuantificó en un 17% de niños en EE.UU. con algún problema en el neurodesarrollo.

Otro estudio reciente, llevado a cabo en la Unión Europea, y publicado en 2015 6, y también de libre acceso, aporta datos del costo económico asociados a las alteraciones del neurodesarrollo relacionadas con alteraciones de tipo endocrino. Identificaron una probabilidad del 70 al 100% de que la exposición al polibromodifenil éteres (PBDE) y a organofosforados, contribuye a una pérdida de cociente intelectual. Genera un costo estimado de 9.590 millones de euros en casos de discapacidad intelectual. La exposición a organofosforados un costo de 1.460 millones de euros. En el caso de autismo 199 a 399 millones  de euros. En el caso de TDAH 1.210 a 2.860 millones de euros. Un costo general aproximado de 15.000 millones de euros anuales.

Durante mucho tiempo se habló de que la dosis hace el veneno, hoy sabemos que incluso en bajísimas dosis, determinadas moléculas y compuestos químicos son tremendamente tóxicos para el neurodesarrollo. Y tienen un efecto tanto a nivel de alteración genética -y epigenética– como hereditaria. Varios estudios han identificado estos riesgos, así como diversos compuestos tóxicos que impactan. El estudio de Lanphear del 2015 7 sobre infancia en EE.UU. es un ejemplo tremendo (ver vídeos a continuación) de cómo estas sustancias afectan al desarrollo cerebral, e incluso como afectan de forma posterior. Según el estudio, en EE.UU., el 89% de los niños contienen trazas importantes de mercurio, el 100% de plomo, el 100% de organofosforados, el 100% a Bifenilos policlorados (PCB), el 96% a Bisfenol A, el 100% a polibromodifenil éteres (PBDE), entre otras muchas otras sustancias que son tóxicas a muy bajas concentraciones. Además podemos añadir el plomo, que tras el escándalo de Flynt ha vuelto a copar portadas. Vemos que compuestos como el Bisfenol A son tóxicos en concentraciones de una parte por trillón, solo por poner un ejemplo.

Y otro estudio, Maternal lifestyle and environmental risk factors for autism spectrum disorders 8, publicado en 2014, nos habla de como los estilos de vida inciden directamente en los factores de riesgo del autismo. Estilos de vida relacionados, obviamente, con impactos tóxicos. Estos factores de riesgo se relacionan con un impacto en la construcción del cerebro del bebé durante el proceso de gestación, así como factores de alteración en os procesos oxidativos del organismo, alteraciones en el sistema inmune, etcétera.

Otro estudio de reciente publicación 9, y también publicado en libre acceso, nos habla de como el feto está expuesto a sustancias químicas, y de cómo estas afectan al desarrollo del bebé. En el citado estudio de revisión identifican seis clases principales de sustancias tóxicas (seguro les suenan): ftalatos, fenoles, compuestos perfluorados (PFC), retardantes de llama, bifenilos policlorados (PCB), y plaguicidas organoclorados (OC). Muchos de estos compuestos pueden, por una parte alterar la herencia genética, y por otra, ser transferidos al bebé durante el embarazo, o incluso durante la lactancia. Esto NO CULPA A LAS MADRES, todo lo contrario, ya que los contaminantes están ahí, y sencillamente formamos parte del vector de transmisión. Quién debe ser culpado es el sistema que permite que se sigan usando estos compuestos de forma indiscriminada. En el estudio vemos como muchos de estos tóxicos se encuentran en el organismo de forma persistente.

El National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES) en el 2003/2004 llevó a cabo una muestra sobre la población adulta de los EE.UU. 10 , el 83% de las mujeres embarazadas tenían niveles detectables de dimethylthiophosphate. DDE (diclorodifenildicloroetileno) y DDT (diclorodifeniltricloroetano) se detectó en el 100% de las mujeres embarazadas (Teniendo en cuenta que ese tipo de pesticidas se dejó de usar en los 70, da que pensar). Tras la prohibición de estos últimos se disparó el uso de piretroides. Los insecticidas piretroides son posibles sustancias de afección tóxica en el desarrollo neurológico y no han sido evaluados para determinar la toxicidad en el desarrollo neurológico. Sabemos que en algunos casos estudiados, existe una relación en la señalización y regulación del Calcio con desordenes genéticos asociados al autismo, y también sabemos que los PCB (Bifenilos policlorados), pesticidas organoclorados y algunos pesticidas piretroides de tipo II están relacionados con la interrupción de esta señalización.

Un estudio realizado en el 2011 por el U.S. Centers for Disease Control and Prevention’s (CDC), encontró que el 90% de las mujeres embarazadas en EE.UU. tienen niveles detectables de 62 productos químicos en su organismo11. Entre los químicos que se encuentran en la gran mayoría de las mujeres embarazadas encontramos; PBDE, hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), ftalatos, compuestos perfluorados, bifenilos policlorados (PCB), el perclorato, plomo y mercurio. Muchos de estos productos químicos pueden atravesar la placenta durante el embarazo y se detectan de forma rutinaria en la sangre del cordón umbilical o en otros tejidos fetales.

Algunos de los estudios que se incluyeron en las conclusiones del programa Europeo PHIME también hicieron hincapié en los efectos prenatales de metales como el mercurio. Uno de ellos 12, se basó en la exposición al mercurio prenatal y al desarrollo neurológico infantil en zonas costeras del Mediterráneo, donde el consumo de pescado es muy elevado. En este caso se centró en el metilmercurio y los resultados mostraron elevados niveles, no solo en las madres, también en los hijos. Aunque los análisis dieron resultados positivos también en PCB, cadmio, plomo y arsénico.

Los tóxicos con mayor impacto en el neurodesarrollo

Los principales candidatos y que disponen de mayor nivel de evidencia por su impacto en el neurodesarrollo, ya sea de forma pre o postnatal según TENDR son:

  • Los pesticidas organofosforados. 13 ,141516, 17,18
  • Retardantes de llama bromados o polibromodifenil éteres (PBDE). 19 , 20, 21, 22
  • Contaminantes del aire relacionados con la combustión, que generalmente incluyen los hidrocarburos aromáticos policíclicos, dióxido de nitrógeno y partículas en suspensión, y otros contaminantes del aire. 23,24, 25 , 26 , 27 , 28
  • Plomo.  29 , 30
  • Mercurio. 31 , 32,33
  • Bifenilos policlorados (PCB). 34 , 35 , 36
Esmog fotoquímico sobre la Ciudad de México en diciembre de 2010. FOTO: Fidel Gonzalez -

Esmog fotoquímico sobre la Ciudad de México en diciembre de 2010. FOTO: Fidel Gonzalez –

Pero no solo estos compuestos generan alteraciones en el neurodesarollo, otros productos químicos también poseen evidencia de ser responsables de alteraciones en el neurodesarrollo. Por ejemplo:

  • Arsénico: Los fetos expuestos a niveles elevados de este metal tóxico corren un riesgo mayor de aborto, malformación y muerte perinatal. El arsénico también afecta al sistema nervioso central y los niños expuestos a él durante el embarazo y durante los primeros compases de la vida pueden ver reducido su coeficiente intelectual. Más adelante, la exposición a arsénico puede desactivar el sistema inmunitario y aumentar el riesgo de cáncer. En Chile se realizó un interesante trabajo sobre el particular que pueden encontrar aquí. 37, 38
  • Cadmio: La exposición al cadmio procede de los alimentos, pues se trata de un elemento común en los fertilizantes y las plantas lo absorben a través de sus raíces. La investigación de PHIME ha desvelado que incluso un nivel bajo de exposición, como el de Suecia, puede ser perjudicial para la salud humana. El problema radica en que el cadmio permanece en el medio ambiente durante mucho tiempo. A su vez, los efectos en el neurodesarrollo son obvios, y se aumentan con la interacción con otros compuestos químicos. 39 , 40, 41,42

Pesticidas

En cuanto a lo relativo a los pesticidas, y no solo los organofosforados, las evidencias no paran de aumentar, y como hemos visto, aparecen en todas las listas de “sospechosos habituales”. Cada día que pasa aparece otro nuevo trabajo. Con la explosión científica de China, también estamos recibiendo información muy interesante, más si cabe que ese país tiene unas regulaciones ambientales bastante pobres y muy permisivas, algo similar sucede por ejemplo en muchos países de Centro y Sudamérica.

Un reciente estudio mostró una posible relación entre los organofosforados y el TDAH en Taiwan 43, aunque la muestra es “relativamente” pequeña (97 niños con TDAH y 110 en grupo de control) muestra que a mayor nivel de concentración de dimetilfosfato, mayor probabilidad de tener un diagnóstico.

Un estudio Chino muestra reacciones adversas del desarrollo neurológico infantil, tanto de la exposición prenatal como postnatal a los pesticidas organofosforados en una zona agrícola de la provincia de Jiangsu 44.

Otro estudio reciente, junio 2016, ha combinado factores genéticos con efectos de exposición a un organofosforado en un modelo de ratón 45. En este caso se han centrado de forma específica en los efectos sobre el autismo idiopático, y realizando también un estudio sobre los efectos gestacionales. Las conclusiones del estudio son que el insecticida Clorpirifós aumenta el estrés oxidativo actuado como un neurotóxico y generando alteraciones cerebrales propias del autismo. Es un estudio previo, realizado sobre ratones y requiere de más trabajos relacionados para dar mayor fortaleza, pero es una información que encaja mucho con todo lo expuesto aquí previamente. Y otro estudio, también muy reciente, junio 2016, también combinó los factores genéticos, tóxicos y embarazo 46, llegando a conclusiones muy similares.

Conclusiones

El cuerpo de evidencia sobre cómo sustancias tóxicas impactan en el neurodesarrollo infantil, ya sea por cómo impactan a nivel genético en sus padres afectando por tanto a la herencia genética, a nivel del proceso del embarazo, o posterior al nacimiento, es inmenso. Ya no solo hablamos de correlación, de probabilidad estadística, determinados compuestos tóxicos ya tienen causa-efecto demostrada.

El problema mayor radica en qué sucede cuando se demuestra que un compuesto determinado es tóxico y se regula para evitar su uso. En el campo de los pesticidas tenemos un ejemplo tremendo. Muchos pesticidas organofosforados han sido prohibidos o su uso tiene tal regulación que los hace casi imposible de usar ¿Qué paso en EE.UU.? Los  los fabricantes aumentaron las ventas y el uso de pesticidas neonicotinoides y piretroides, productos que también son tóxicos y afectan al aprendizaje y a la expresión genética 47 o que se han relacionado con el déficit de atención 48. Afortunadamente en Europa, muchos de estos pesticidas se han prohibido, ya que se demostró eran una de las causas de la muerte masiva de las abejas (¡Gracias amigas abejas! Y sentimos mucho haberos masacrado). Desde el endurecimiento de medidas de la UE, las poblaciones de abejas en Europa han aumentado considerablemente.

Vemos como la disfunción mitocondrial que estos tóxicos producen, conlleva la disminución de la producción de adenosina trifosfato (ATP), necesaria para el desarrollo muscular y las funciones cerebrales; aumento de la producción de estrés oxidativo; la inducción de la apoptosis o muerte celular. Todos estos cambios también han sido relacionados con el autismo 49. Y aunque esta disfunción mitocondrial no se comprende bien, afecta al 8% de las personas con autismo en comparación al 0,05% de la población en general.

Otro caso curioso es el relativo a los retardantes de llama (PBDE), dado su alta toxicidad se cambiaron por otros, que básicamente son ¡igual o más tóxicos aun!. Y algo similar sucedió con los ftalatos. Probablemente, el ordenador desde el que usted esté leyendo este texto contenga muchas de las sustancias aquí nombradas, o la silla, o el sofá de su casa, sencillamente, nos rodean.

Y mientras hemos perdido muchísimo tiempo y muchísimo dinero intentando demostrar que las vacunas no tienen nada que ver con el autismo (Estupenda táctica la de las grandes empresas del sector que tuvieron unos aliados impresionantes, ¡Los antivacunas! trabajando gratis para ellos), se ha trabajado muy poco en el endurecimiento de las medidas medioambientales. Es curioso ver como en zonas de agricultura intensiva en Guatemala o Ecuador (por poner solo dos ejemplos, pero hay muchos), el número de niños con alteraciones del neurodesarrollo, malformaciones físicas, u otros trastornos genéticos o metabólicos, aumenta sin parar. De la misma forma que muchos hombres quedan estériles o con dificultades para tener hijos. O cómo el número de abortos espontáneos aumenta, o cómo nacen muchas más niñas que niños (Cuando la tendencia natural es la contraria).

O cómo en Chile andan (¡a estas alturas¡) con la pelea de las vacunas, pero no parece que hagan nada contra la contaminación de la industria minera chilena.

No queda más que seguir trabajando, para que, a nivel social, tomemos conciencia de que la contaminación y la exposición sostenida a determinados productos nos está alterando de forma intensa. Que debemos apoyar a los equipos de científicos, quienes en muchos casos se juegan más de lo que la gente se piensa, para que puedan seguir trabajando e investigado, y sobre todo, que no se sientan solos cuando deben pelear contra las grandes multinacionales del sector.

El proyecto PHIME Europeo se quedó parado, ojalá no suceda lo mismo con el TENDR.

NOTA: Los estudios aquí referidos se han seleccionado por su fortaleza, o por su relevancia.

Cómo citar este artículo: Daniel Comin, "Tóxicos y alteraciones en el neurodesarrollo infantil", en Autismo Diario, 14 agosto, 2016, https://autismodiario.org/2016/08/14/toxicos-y-alteraciones-en-el-neurodesarrollo-infantil/.

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11 Respuestas

    • Andoni Zurritabeitia

      No sé si es histórico el artículo en sí, pero si es histórico que me he pegado 3 horas pegado a la pantalla, leyendo el artículo, revisando las referencias, etc.
      Trabajazo impresionante.

      Responder
      • Diego

        El artículo es magnífico, mi problema es que ya conocía alguno de los datos que aporta Daniel y pero la sociedad
        no lo sabe y minimiza los efectos, cuando miro las etiquetas o intento a que mi hija coja algo de un sitio del que tengo dudas de su procedencia mucha gente me critica e incluso familiares dice que son “paranoias” y que “no
        hay que saber tanto” o que “de algo hay que morirse”, el bisfenol A y los biberones fue uno de tantos ejemplos. A los lectores del artículo cuando pongan en práctica lo que saben después de leer este artículo verán como no es nada fácil… es mucho más fácil creer que nuestras autoridades sanitarias son magníficas y perfectas, están a la última, controlan las las verduras y las importaciones a la perfección y nos protegen de todos los males…

  1. Rosy Barroso

    Amigo GRACIAS por publicar la verdad que nos rodea, servirá por lo menos para hacer conciencia y exigir a las autoridades e iniciativa se hagan responsables lo cual será la labor que los padres y todas las instituciones unidas debemos exigir. En muchos países no existe reglamentación ni conciencia en México vemos como en lugares contaminados el índice de casos es alarmante. La Ley que ha surgido no debe quedar en papeleo y reglamentos politizados es un derecho de los niños y sus familias que al unirse podrían lograr que se convierta en hechos.

    Responder
  2. Rosario Bernal Portilla

    Buenas Noches, ante todo mi saludo cordial y deseo hacerle una consulta:
    Soy madre de un joven con retardo mental y que de pequeño fue diagnosticado con tendencia autista, tiene en la actualidad 33 años y hasta los 17 no tomó ninguna medicina, solamente educación especial, era bastante tranquilo hasta que desencadenó en una crisis de agresión y autoagresión, y comenzó a ser tratado con medicamentos como carbamazepina, amisulpride, biperideno, haloperidol, luego a los 3 años aproximadamente otro médico le cambió la carbamazepina por valprax. y en la actualidad sigue tomando eso pero desde hace algunos años tiene demasiado temblor como si tuviera parkinson que le impide comer bien a veces derrama y está muy ansioso, los médicos dicen que eso es así por favor como puedo ayudar a mi hijo porque debido a eso no asiste a ningún taller. La medicina le está causando esto? hay otra solución???
    Muchas gracias
    Rosario Bernal,

    Responder
    • Diego

      Hola Rosario, siento lo que cuentas. No creo que nadie por aquí pueda darte una respuesta concreta a tu pregunta tan concreta. Los fármacos son un arma más pero a veces son de doble filo y tienen efectos secundarios. En estos casos es ensayo y error… no sé cómo son tus medicos… no soy médico y además das pocos datos sobre el cuadro, lo que si te digo es que la tendencia que he visto
      En algunos médicos es a empezar desde cero (excepto si implica grandes riesgos o hay otras enfermedades como pudiera ser epilepsia, ezquizofrenia, etc.) es decir retiran toda la medicación y luego desde cero con paciencia van probando cosas… Sé que es muy duro lo que estás pasando, se paciente y celebra cualquier pequeña mejoría… Debemos saber que nadie, ni médico ni terapeuta, ni experto tiene una varita mágica, ni sabe el futuro ( y si te dicen que lo hay desconfía), los avances son lentos y por desgracia no hay otra forma que probar y equivocarse. Hay varios
      Amigos médicos que me advierten que últimamente en Andalucía hay muchos problemas con los genéricos, anestesistas me dicen que ahora tienen que duplicar las dosis para que hagan efecto, médicos de urgencias que para un agitado tienen hasta que triplicar las dosis, o genéricos de risperidona que varían las dosis de una marca a otra… Intenta que nomte cambien de marca, la ley dice que debe haber un 80% del principio activo… Hay gente que sospecha que en algunas ocasiones hay más variación de lo legalmente permitido en algunos fármacos y laboratorios, en cualquier caso una variación de un 20% puede ser suficiente para desestabilizar a una persona.

      Responder
  3. Diego

    Impresionado por la calidad del artículo lo pase por mail a varios de los “amigos de problemas” es decir, padres que tienen hijos con problemas en el desarrollo y alguno me dijo, “tú ves, los de las vacunas tenían razón”, los de “Asociacion vencer el autismo” ya me dijeron ya lo de los metales pesados y me hicieron un análisis y que hacía falta una Kelación”. Otro de los problemas de no tener una explicación científica contundente es que buscamos las explicaciones carentes de rigor científico.

    A veces los timadores saben muy bien como engañar a la gente, se basan en tópicos científicos para hacer un mix que sea creíble y dar apariencia de realidad. Asumen también teorías conspiranoicas, desde luego que las farmacéuticas y el estado se guían por el dinero y los grupos de presión, pero no gastan sus energías en fastidiar inútilmente a la gente como la gente piensa, son como cualquier otra industria, quieren ahorrarse costes y aumentar beneficios a los accionistas. Desde luego que hay problemas en ese sector, aunque en un sentido muy diferente de lo que la gente piensa, pero los timadores son mucho mucho mucho peores que cualquier farmaceutica.

    El fin de año de 2009, yo era un padre desesperado, mi hija estaba en el hospital convulsionando y había sido justo después de as vacunas… A la primera decían que era una casualidad, a la segunda admitieron que se trataba en una reacción rara a las vacunas, “que a veces ocurre”. Buceando en internet encontré muy rápido a los vendedores de sueños, la explicación estaba allí! , me dijeron lo que yo quería oír, recogimos las muestras hicieron un análisis y… sorpresa! Metales pesados por las nubes! La niña estaba intoxicada! Luego un tratamiento “biomedico” para sacar dinero durante muchos años. Y eso si, el primer consejo que te dan es “olvídate de los médicos”.

    Yo desconfío hasta de mi sombra y les tendí una “trampa”… Les mandé muestras que no eran de mi hija y luego pedí en un laboratorio “normal” análisis parecidos. Los resultados diferían totalmente (un laboratorio español, validado y que usan técnicas científicas que se pueden encontrar en cualquier barrio), ellos sin embargo basan su credibilidad en que el laboratorio está en Estados Unidos y se llaman “Great plain laboratories” y que en España nadie sabe hacer esos análisis lo cual es mentira, muchos laboratorios españoles pueden medir metales pesados y tóxicos, me preocupé de informarme y en algunas fábricas y en todas las minas se hacen estos análisis rutinarios a los trabajadores.

    Yo malgasté el dinero en una situación desesperada, pero al menos me di cuenta del fraude y me ahorré los tratamientos biomedicos. Fue la ciencia la que más tarde nos dio la respuesta: los niños con algunas mutaciones en genes (scn1a o Pcdh19) tienen una respuesta a las vacunas en forma de convulsiones, las vacunas no son la causa pero si puede ser el detonante, era más probable que nos tocara la lotería a que nos tocara esta enfermedad… Pero a alguien le toca y nos tocó a nosotros.

    Desde hace muchísimos años se sabe que el plomo y el mercurio son peligrosos para todos y todo lo escrito en este artículo está basado en artículos científicos que el autor se ha preocupado de informar y contrastar, pero los argumentos hacen que haya gente que lo confunda con los argumentos de aquellos que usan la pseudociencia, tratamientos biomedicos, análisis engañosos y terapias estúpidas para ganar dinero engañando, abusando de los problemas de los demás de forma deshonesta, cuando no directamente delictiva.

    Cierto es que el estado es lento, que son descuidados, no hay suficientes controles y que no nos protege de todo, de echo que existan estos timadores es un ejemplo Del
    mal funcionamiento de las autoridades sanitarias.

    Este artículo si puede servir para que modifiquemos nuestro estilo de vida, intentemos leer mejor las etiquetas y evitemos según que riesgos… Algo que echo en falta es otro artículo indicando precisamente eso… Como cambiar nuestros hábitos e intentar evitar productos perjudiciales y dar alternativas… Yo para los mosquitos tigre este verano he puesto mosquiteros en ventanas y puertas por toda la casa, pantalones largos y finos para las niñas. Mejor eso que repelentes con DEET o insecticidas de los cuales los efectos a largo plazo no conozco… eso sí… Todo depende, si estuviera en un país donde hubiera malaria o dengue no dudaría en usar repelentes con DEET e insecticida y es que a veces hay que elegir el mal menor…

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  4. ana romero

    hola trabajo con niños con condicion…Estoy en una zona Petrolera en Venezuela.. y a mi consulta la cantidad de niños con estas alterasiones son cada dia en aumento… me gustaria saber o tener herramientas para disminuir dichas contaminaciones en el hogar ..

    Responder
    • Laura

      Hola a todos pues yo encontré algo que me ha funcionado…evitar los productos enlatados y alimentos que contengan preservantes y conservantes, ..por otro lado me informé en Internet que el cilantro o culantro, como también se le dice tiene la capacidad de desprender toxicos del organismo, esto se comprobó al hacer exámenes de orina después de haber comido un alimento cualquiera y una sopa con cilantto… después de la sopa se tomaron muestras y los niveles vde mercurio y otros metales eran considerablemente mayor en esas muestras, lo que significa que tiene la capacidad de limpiar el organismo y desechar las toxinas a través de la orina…del cilantto sirve todo..desde la raíz tallo y hojas..

      Responder

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