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La alta prevalencia de problemas gastrointestinales y de alimentación en la población con autismo ha llevado a la búsqueda de alternativas de tratamiento para estas manifestaciones, algunas veces con la esperanza de curar el autismo y otras veces con esperanza de mejorar sus manifestaciones.

Curar el autismo es una falacia, un argumento que no tiene sentido, pero sigue cautivando a muchos padres y esto los coloca en posición de ser víctimas de estafadores o de comenzar a administrar a sus hijos productos cuya efectividad es nula o dudosa, incluso productos químicos potencialmente dañinos (incluso mortales).

El carbón activado no es un producto nuevo en la medicina, pero recientemente se ha difundido su uso, sin evidencia alguna, en pacientes con trastornos del espectro del autismo.

¿QUÉ ES EL CARBÓN ACTIVADO?

Es una substancia de origen vegetal (generalmente) utilizada por su capacidad absorbente de algunos productos químicos.  Se obtiene del procesamiento de materiales de corteza de almendro, cáscara de coco, nueces, palmeras, etc.

Por un proceso de activación física (térmica) se realiza en dos etapas: la carbonización y la gasificación.  Este proceso se realiza a altas temperaturas (pirolisis controlada), alrededor de los 1000 grados centígrados, y termina produciendo una substancia porosa.

El segundo proceso es la activación química en la que se impregna el producto de la etapa anterior con ácido fosfórico o hidrógeno de potasio.  Como productos finales puede obtenerse carbono activado en polvo o carbono activado granular.

Funciona atrapando en sus poros substancias químicas que se quiere eliminar y evita que las mismas sean absorbidas en el tracto gastrointestinal.  De hecho es un absorbente inerte con una extensa superficie en la que puede “absorber” muchas substancias, su superficie es de 1000 a 2000 metros cuadrados por gramo (Lowry, 2008) gracias a sus poros.

En medicina es utilizado en casos de intoxicaciones agudas por substancias que han sido ingeridas y son potencialmente absorbibles (Saracco, 2016), por ejemplo: carbamacepina, dapsona, paraquat, nadolol, teofilina, ciclosporina, propoxifeno, nortriptilina, amitriptilina, acetaminofén, fenobarbital digoxina, morfina y medicamentos de liberación prolongada, entre otros. En este caso es útil si se utiliza dentro de la primera hora de la ingesta tóxica del producto (sobredosis), es probable que si se usa después de dos horas no produzca ningún efecto.

Esta es, en realidad, la única indicación del uso de carbón activado, fuera de ello no hay ninguna evidencia de eficacia demostrable.  Se ha utilizado en otros cuadros como diarreas inespecíficas (no evidencia de eficacia), descontaminación del tubo digestivo (no evidencia de eficacia y contraindicado en niños).

No es efectivo y no debe utilizarse en la absorción de hidrocarburos, ácidos, álcalis, etanol y metales pesados (Lapus, 2007)

El carbón activado no es el “antídoto universal”, pero parece que esto no ha sido comprendido por quienes promueven su uso de manera indiscriminada y sin las debidas precauciones.

En resumen: el carbón activado tiene indicaciones muy precisas.  Afortunadamente las dosis que suelen utilizar son bajas, no por eso exentas de algunos efectos.



La efectividad adsorbente del carbón activado depende de la relación con el producto que se desea absorba en sus poros, esta debe ser 10:1 (Levy, 1972), es decir que en muchos casos en el que es usado en personas con autismo están utilizando un producto sin efecto para lo que pudieran estar pretendiendo.

Es un producto antiguo en la farmacopea médica, de manera que no lo podemos presentar como una novedad.  ¿Qué tan antiguo?  El primer reporte de uso se remonta a 1500 años antes de Cristo en el que se aplicaba para absorber el mal olor que producían heridas con mucho tejido necrosado.  Y a lo largo de la historia hay muchos relatos en relación a las aplicaciones que se le ha dado en la medicina, a finales del siglo XVIII Scheele y luego Lowitz explicaron sobre sus propiedades en relación a la absorción de vapores de distintos químicos (Lapus, 2007).

EFECTOS ADVERSOS DEL CARBÓN ACTIVADO

Estos efectos pueden observarse con dosis terapéuticas de carbón activado.

  • Una de las recomendaciones en el uso de carbono activado es evitarlo en casos de peristaltismo lento. Este movimiento lento de los intestinos se observa en personas con autismo, el uso de carbono activado puede provocar un cuadro de bloque gastrointestinal con todos sus riesgos asociados.
  • Puede impedir la absorción de otros medicamentos que se estén utilizando para tratamientos diversos, de esta forma resta eficacia a los mismos.
  • Puede provocar dificultades en la absorción de micronutrientes y asociarse a deficiencias nutricionales importantes.
  • Puede provocar vómitos y esto asociarse a cuadros aspirativos.
  • Puede empeorar el estreñimiento
  • Si, casualmente, entra en contacto con los ojos puede lesionar la córnea (abrasión)
  • Cefalea
  • Perforación intestinal
  • Obstrucción de intestino delgado
  • Se utiliza sorbitol para mejorar su sabor, sin embargo, esto no mejora su tolerancia al mismo y sí puede provocar algunos efectos adversos más como malestar gastrointestinal, vómitos, diarrea y el riesgo consecuente de deshidratación.
  • Abrasiones corneales (si el polvo llega a tocar la córnea)

La dosis óptima es difícil de estimar porque entran en juego muchas variables: la formulación del carbón activado, el tipo de substancia que se quiere absorber, el volumen y el PH de los fluidos gástricos e intestinales, la presencia de otros agentes, etc. (Olkkola, 1984; Neuvonen, 1984)

NINGUNA EVIDENCIA

El uso de carbón activado en autismo no ha sido sujeto de ninguna investigación.  No podemos recomendar su uso en autismo bajo ninguna evidencia científica y los reportes que aparecen en páginas electrónicas carecen de rigor científico y se limitan a resultados de tipo anecdótico.

No aporta beneficios y en algunos casos puede implicar importantes riesgos, sin embargo, las páginas que suelen recomendar este tipo de abordaje del autismo, por lo general no incluyen en sus publicaciones reportes de efectos adversos o fracasos terapéuticos, cuando lo hacen suelen atribuir la causa de ello a mal seguimiento del protocolo y, de una forma u otra, responsabilizar a la persona que lo ha usado, en otros casos minimizan estos resultados.

Las dosis que se suelen recomendar son inefectivas para lo que se pretende utilizar en personas con autismo.

BIBLIOGRAFÍA

  • Levy G and Tsuchiya T. Effect of activated charcoal on aspirin absorption in man. Clinical Pharmacology and Therapeutics. 1972; 13: 317-22
  • Lowry JA. Use of activated charcoal in pediatric populations.  Second meeting of the subcommittee of the expert committee on the selection and use of essential medicines, Geneve sept-oct 2008.
  • Neuvonen PJ, Olkkola KT, Alanen T. Effect of ethanol and pH on the absorption of drugs to activated charcoal: studies in vitro and in man. Acta Pharm Toxicol 1984; 54:1–7.
  • Olkkola KT, Neuvonen PJ. Do gastric contents modify antidotal efficacy of oral activated charcoal? Br J Clin Pharmacol 1984; 18:663–669.

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