Anuncios
Print Friendly, PDF & Email

Un padre con una niña de 7 años me pregunta sobre las posibilidades del cannabis en el tratamiento del autismo. En general, desconfío del llamado cannabis medicinal, las evidencias científicas de calidad son escasas, se propone su uso para muchas patologías sin que haya datos a favor y en muchos casos parece que en realidad es la búsqueda de argumentos para un consumo lúdico, para una legalización completa o para mejorar la imagen de una sustancia psicotrópica calificada de droga.

En este «blanqueamiento» de la imagen de la marihuana, el hachís y otros derivados del cannabis, distintos países están adoptando una política más permisiva, muchos medios hacen reportajes amarillistas sobre sus grandes beneficios sin confrontar información y muchos pacientes y familias preguntan sobre la posible utilidad para numerosas condiciones, incluidos trastornos del desarrollo y el comportamiento en niños y adolescentes tales como el trastorno del déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y los trastornos del espectro del autismo (TEA).

Los datos actuales en pacientes adultos muestran que algunas formulaciones de cannabinoides son útiles para la espasticidad —músculos tensos y rígidos— y para el dolor central. Las mismas revisiones concluyen que las evidencias son insuficientes en otros temas como el síndrome de Tourette, la epilepsia o la distonía —trastorno en el tono y el movimiento muscular. Por otro lado hay numerosas evidencias que asocian el consumo del cannabis a cambios adversos físicos, neurocognitivos, psiquiátricos y psicosociales, algunos de los cuáles parecen ser irreversibles. Distintas organizaciones médicas prestigiosas han señalado al cannabis y sus derivados como temas preocupantes en salud pública y se oponen a avanzar en su legalización. Hablemos de algunos temas básicos sobre estas sustancias en relación con el autismo.

La planta es el Cannabis sativa. Lo más común es fumar los brotes, los capullos y las hojas pero también se pueden comer y muchos jóvenes lo inhalan por vaporización, con sistemas parecidos a los de los cigarrillos electrónicos. La resina, el hachís, tiene una concentración mayor de cannabinoides y se puede consumir de las mismas tres maneras. Los efectos fisiológicos y psicológicos empiezan a los 30 minutos después de la inhalación y entre dos y cuatro horas después de la ingestión. Los efectos son, por un lado, relajación, euforia, sociabilidad, mayor percepción de lo que nos rodea, sensación de que el tiempo se detiene, disminución del dolor y aumento del apetito. Por otro lado, puede producir paranoia, ansiedad, irritabilidad, fallos en la memoria a corto plazo, mala atención y juicio y una pobre coordinación y equilibrio. Los efectos fisiológicos incluyen taquicardia, hipertensión, sequedad de boca y garganta y enrojecimiento de la conjuntiva. Los efectos son debidos sobre todo al delta-9-tetrahidrocannabinol (THC) que actúa sobre receptores a cannabinoides endógenos de nuestros sistema nervioso central y periférico. Es decir, nuestro cerebro tiene receptores específicos para moléculas producidas por el propio cuerpo, los endocannabinoides, como  la anandamida y el 2AG. La estructura molecular de los endocannabinoides no es idéntica a  la de los fitocannabinoides, las moléculas producidas por la planta. El THC es una molécula lipofílica lo que hace que cruce con facilidad la barrera hematoencefálica y la placenta y también que se acumule en la grasa, lo que hace que se elimine lentamente. El cruce de la placenta hace que actúe sobre el desarrollo neural del feto y se ha postulado que la exposición prenatal al cannabis está asociada con hiperactividad, impulsividad y problemas de atención en la infancia. El propio sistema endocannabinoide está implicado en el desarrollo cerebral, lo que es una razón de peso para no sobreestimular el sistema endocannabinoide de un cerebro en desarrollo administrándole fitocannabinoides o cannabinoides sintéticos. Hay otros compuestos neuroactivos en la marihuana que son mucho menos conocidos. Los problemas asociados al cannabis se han exacerbado al desarrollarse en los últimos años mezclas con concentraciones mucho más altas de THC y, por otro lado, se están probando otras presentaciones con menos efectos psicológicos y con posibles efectos terapéuticos. Un ejemplo son los nabiximoles, una mezcla de THC y cannabidiol que se utiliza como un espray oromucosal para aliviar los síntomas de la esclerosis múltiple.



Con respecto a la epidemiología, en muchos países desarrollados el cannabis es la segunda sustancia psicoactiva más consumida por los adolescentes después del alcohol. La prevalencia, por otro lado, está aumentando mientras que la del alcohol y el tabaco están disminuyendo y cada vez hay más personas, jóvenes y adultos, que lo consumen de forma diaria o casi diaria. En paralelo con las tendencias legalizadoras, la percepción sobre sus posibles riesgos ha disminuido aunque las visitas a urgencias causadas por el consumo de cannabis han aumentando. Otro problema es el efecto «resaca» del consumo de cannabis con efectos que duran al menos un día después del último consumo y algunos cambios sutiles que se detectan incluso un mes más tarde en adolescentes. Dado sus efectos adversos sobre la atención, coordinación y percepción no es sorprendente que un metaanálisis haya demostrado que se dobla la probabilidad de un accidente de tráfico con víctimas en las personas que conducen bajo los efectos del cannabis, algo que no conocen mucho de sus usuarios y que refuerza la necesidad de educar al respecto. En el largo plazo se ha visto una asociación entre el consumo de cannabis en la adolescencia y una caída en el cociente de inteligencia, algo que no se restaura después de un período largo sin consumo.

Entrando específicamente en el tema de cannabis y autismo, hay grupos activistas que promueven su uso en redes sociales tales como Mothers for Medical Marijuana Treatment for Autism y Mothers Advocating Medical Marijuana for Autism (MAMMA). Algunos de estos grupos señalan en su apoyo resultados de investigación pero a menudo son datos de modelos animales que no han sido extrapolados a seres humanos. Un ejemplo es un estudio del grupo de Südhof que mostraba que ratones con una mutación en el gen neuroligina-3, una proteína ligada al autismo, y otro estudio parecido con un modelo de X frágil presentaban una señalización alterada de sus endocannabinoides en el cerebro. Otro estudio (Wei et al., 2016) ha visto los efectos de aumentar la actividad de la anandamida, un endocannabinoide, administrando un inhibidor selectivo de su enzima hidrolítica en dos modelos de ratones. Estos resultados mostraron una mejora de la sociabilidad en estos ratones y plantean que esa enzima, la hidrolasa de la amida de los ácidos grasos puede ser una diana terapéutica para el autismo. Aunque estos estudios nos hacen avanzar en el conocimiento de la patogénesis de los TEA, es potencialmente peligroso deducir que el cannabis puede o podrá usarse como tratamiento con la información actualmente disponible.

Los estudios en humanos son enormemente escasos. Hay uno (Kurz y Blaas, 2010) centrado en un único niño con autismo, de seis años, y que fue tratado diariamente con dronabinol por seis meses. El estudio señala una mejora en hiperactividad, irritabilidad, letargia, comportamientos estereotipados y habla. El problema es que no había un control y no era un estudio ciego.

En la situación actual no puede recomendarse, dada la escasez de evidencias favorables y los datos mucho más claros y abundantes sobre efectos secundarios peligrosos, el uso de derivados del cannabis para los trastornos del espectro de autismo. Según va cambiando la situación social y estas sustancias son más fáciles de obtener, es importante reforzar las campañas de educación, que no han sido tan rigurosas ni tan exitosas como las dedicadas al consumo de tabaco.

Para leer más:

  • Alonso JR (2016) El mito del cannabis medicinal. Jot Down http://www.jotdown.es/2016/12/mito-del-cannabis-medicinal/
  • Foldy C, Malenka RC, Sudhof TC (2013) Autism-associated neuroligin-3 mutations commonly disrupt tonic endocannabinoid signaling. Neuron 78(3): 498–509.
  • Hadland SE, Knight JR, Harris SK (2015) Medical Marijuana: Review of the Science and Implications for Developmental Behavioral Pediatric Practice. J Dev Behav Pediatr 36(2): 115–123.
  • Kurz R, Blaas K (2010) Use of dronabinol (delta-9-THC) in autism: A prospective single-case-study with an early infantile autistic child. Cannabinoids 5(4): 4–6.
  • Wei D, Dinh D, Lee D, Li D, Anguren A, Moreno-Sanz G, Gall CM, Piomelli D (2016) Enhancement of Anandamide-Mediated Endocannabinoid Signaling Corrects Autism-Related Social Impairment. Cannabis Cannabinoid Res 1(1):81-89.
  • Wu CS, Jew CP, Lu HC (2011) Lasting impacts of prenatal cannabis exposure and the role of endogenous cannabinoids in the developing brain. Future Neurol 6(4): 459–480.

Puedes seguirme en twitter en @jralonso3 Autismo, divulgación científica, poesía,…

Esta y otras más informaciones de gran interés podéis leerlas en mi blog personal UniDiversidad. Observaciones y pensamientos.


La publicidad paga nuestros gastos de hospedaje, actualización, y mantenimiento de la web
SI te gusta nuestro contendido no uses bloqueador de publicidad


Anuncios

Sobre El Autor

Doctor por la Universidad de Salamanca. Catedrático de Biología Celular y Director del Laboratorio de Plasticidad neuronal y Neurorreparación del Instituto de Neurociencias de Castilla y León. Ha sido investigador posdoctoral y profesor visitante en la Universidad de Frankfurt (Alemania), la Universidad de Kiel (Alemania), la Universidad de California-Davis (USA) y el Salk Institute for Biological Studies (San Diego, USA). Conferenciante invitado en universidades de España, Alemania, Suecia, Dinamarca, Colombia, Turquía y Estados Unidos. Director de de 15 Tesis Doctorales, 10 de ellas Premio Extraordinario de Doctorado. Ha publicado 9 libros, 28 capítulos de libro y 133 artículos científicos en las principales revistas internacionales de su especialidad. Escribe frecuentemente sobre divulgación científica y el mundo universitario en prensa española (El País, ABC, El Mundo, Expansión,…). http://jralonso.es/

4 Respuestas

  1. Darío

    Me parece que el autor habla mas sobre la marihuana recreativa que obviamente no es la que se utiliza para los tratamientos de diferentes patologías, es verdad que con los TEA no hay un consenso general sobre su eficacia pero no es verdad que haya solo un caso que tuviera éxito, como padre con un niño con tea he seguido esto hace mucho tiempo y se de casos que si han tenido una mejoría y otros que no.
    También menciona herroneamente que en los casos de epilepsia no haya resultados claros cuando es todo lo contrario, por poner un ejemplo de los que hay muchos, una niña en argentina pasó de tener 600 convulsiones por día a no tener casi ninguna gracias al aceite de cannabis.
    Me parece correcto que se tenga cuidado al recomendar o no el uso de este componente ya que no funciona en todos los casos y hay muchos estudios por hacer todavía, pero me parece que la nota está mal planteada, se dedica mas a criticar los efectos del cannabis recreativo y no ahondar los efectos positivos del cannabis medicinal

  2. Danilo Vega

    Como recomendación al autor le dejo un enlace a un estudio realizado en Chile sobre Cannabis en pacientes con epilepsia y T.E.A., todo esto a cargo de la Neurologa Gisela Kuester.

    www.fundaciondaya.org/uso-de-cannabis-medicinal-en-epilepsia-refractaria-y-trastorno-del-espectro-autista-experiencia-clinica-en-chile/

    Creo que la mirada del autor sobre el tema está lejos de basarse en la evidencia y es más, parte del acostumbrado prejuicio que hay sobre el tema, que ya llega a un lugar común a esta altura.

    Saludos

  3. Andrea Cañas

    Encuentro en la postura del Dr Alonso, más que sigilosa, un tanto prejuiciosa, a pesar de los datos científicos, que en muchos otros artículos, en los que los estudios descriptos también son sobre animales, sin haber sido probados en personas, son recibidos con mayor entusiasmo.
    Interesante sería poder hacer un estudio comparativo acerca de los efectos a largo plazo de niños que son medicados (es decir, recetados por un médico neurólogo o psiquiatra) con risperidona o algún otro antipsicótico a los dos o tres años, y continúan con esta medicación toda su vida.
    Tengo la impresión que algo había que decir sobre el tema, pero con mucha terminología científica y sin ahondar demasiado en la realidad de las familias con personas con autismo. Hizo más incapié en el cambio en la cultura del consumo, cosa que es totalmente normal en una sociedad, no existen comunidades sobre el planeta que no tenga su cultura de consumo recreativo.

A %d blogueros les gusta esto: