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El DSM es el «Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales» (en inglés, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, abreviado DSM), editado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría y que en la actualidad se encuentra en su quinta edición, conocida como DSM-5.

Este es pues el manual que se usa en los EE.UU., la práctica totalidad de países del mundo se rigen por la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), en inglés ICD (siglas de International Statistical Classification of Diseases and Related Health Problems) de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la actualidad en su décima edición (CIE-10), y a punto de hacerse pública la undécima  (CIE-11).

Según una encuesta internacional llevada a cabo entre psiquiatras de todo el mundo 1 un 70% de los psiquiatras que participaron afirmaron que la CIE-10 era el sistema diagnóstico que más usaban, y únicamente el 23% declararon usar más el DSM, pero en Europa, estos datos eran incluso más acusados: más del 80% de unos 2.700 psiquiatras europeos que participaron en la encuesta usaban más la CIE-10, y sólo el 13% usaba más frecuentemente el DSM.

Pero el núcleo del asunto viene dado por considerar al autismo como un trastorno mental al incluirlo, precisamente, en el DSM. Bueno, y no solo en autismo, en el apartado “Trastornos del desarrollo neurológico” del citado manual encontramos también la discapacidad intelectual, desórdenes de la comunicación, TDAH, trastornos del aprendizaje, trastornos motóricos, trastornos de tics y otros trastornos del desarrollo neurológico. Obviamente ninguno de ellos tiene nada que ver con los trastornos y/o enfermedades mentales, pero ahí están.

El autismo, en concreto, se consideraba un trastorno mental, desde la psicotización del mismo, con esa mezcla entre autismo y psicosis, que tanto daño hizo hace 30 años, hacía que esas definiciones diagnósticas estuvieran contempladas por la psiquiatría como un trastorno, desorden o enfermedad mental. De hecho, la homosexualidad también se consideraba como incluible en el DSM y no fue hasta 1973 en que se eliminó la homosexualidad como categoría diagnóstica de la sección de “Desviaciones Sexuales”.

Hoy en día, siguen existiendo en la comunidad médica muchas lagunas y mucho desconocimiento sobre la realidad del autismo, y esto sigue viéndose reflejado a nivel social, quizá no nos damos cuenta de que la visión médica del autismo se va desintegrando en lo que a intervención se refiere, pero, no podemos olvidar que -aunque desconocemos exactamente cuál es la causa del autismo- sí sabemos que hay algo en la construcción del cerebro que está directamente involucrado en el autismo.



Es decir, el autismo debería, por tanto, estar más cercano a la neurología y a la genética que a la psiquiatría, y que quizá debiera entenderse como un trastorno del neurodesarrollo -tal y como hace la CIE-11– y no como un problema de tipo psiquiátrico.

Pero ahondando más, en lo que se refiere a la intervención del autismo, salvo la necesidad de la atención específica en el caso de determinadas comorbilidades -la epilepsia, por ejemplo- la atención en el autismo no debe pasar por el ámbito médico, ya que el tipo de intervención que el niño con autismo requiere no puede darse desde el ámbito médico, hoy sabemos que el trabajo para la regulación sensoriomotriz del niño es básica y fundamental, la base de la mayoría de los problemas que podemos encontrar en autismo (Excluyendo siempre la presencia de comorbilidades), y a partir de ese trabajo de regulación sensoriomotriz y el trabajo para el desarrollo y potenciación de la comunicación es como enfocamos al atención del niño, quedando patente que, la psiquiatría obviamente no es quien trabaja las necesidades del niño con autismo, que en medicina iremos a la figura del neuropediatra o neurólogo para contender con aspectos como epilepsia, o para la derivación a genetista.

Quizá el autismo sea de las pocas entidades diagnósticas que ha sufrido un cambio tan drástico en cuanto a quién debe ser el profesional que intervenga en su atención y tratamiento, ya que inicialmente fueron psiquiatras, después llegaron los psicólogos conductistas, luego neurólogos o neuropediatras, y hoy vemos como está siendo la terapia ocupacional y los especialistas en lenguaje quienes están tomando el mayor peso de la intervención, ah, y todo esto en apenas 30 años, que para algo así, es apenas un suspiro. Es tal la cantidad de especialistas que se involucran que la probabilidad que una familia acabe sin saber exactamente quién debe atender a su hijo es preocupantemente alta.

Y realmente todo esto es un lío tremendo, el cual llega también a los diagnósticos, y es que esto del autismo es bien complejo, de manera que ya tenemos claro que no es propiamente dicho un trastorno o enfermedad mental, y que por tanto, su aparición en el DSM debe ser vista hoy día como algo anecdótico y con motivación histórica y poco más, pero teniendo en cuenta que -salvo muy honrosas excepciones- los psiquiatras perdieron peso en lo referido al autismo para irlo entregando hacia la neuropediatría o neurología y la genética.

Ya en el año 2012 lo dijimos alto y claro. “Los Trastornos del Espectro del Autismo NO son una enfermedad” y mucho menos un trastorno mental. Entender qué es el autismo solo requiere de un poco de tiempo y mente abierta, pero sobre todo, de mucha humanidad, porque nunca debemos olvidar que delante de cada “etiqueta” diagnóstica hay un ser humano.

Bibliografía:

1.
REED G, MENDONÇA C, ESPARZA P, SAXENA S, MAJ M. The WPA-WHO Global Survey of Psychiatrists’ Attitudes Towards Mental Disorders Classification. World Psychiatry. 2011;10(2):118-131. [PMC]

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Sobre El Autor

Daniel Comín
Director de la Fundación Autismo Diario

Director y Editor de Autismo Diario y responsable de supervisión de artículos científicos. Especializado en sistemas de desarrollo y economía sostenible. Co-autor del proyecto de formación técnica y reinserción social de África Central para United Nations Development Programme (ONU). Coordinador del proyecto de salud pública para tribus nativas de Norteamérica. Ha impartido formación, conferencias y talleres sobre autismo de forma ininterrumpida en los últimos años en 6 países. Ha impartido clases magistrales en la Universidad de los Andes (Colombia), ha dado programas formativos especializados en la Facultad de Ciencias de la Educación de la PUCE (Ecuador) y profesor externo de la Facultad de Medicina San Carlos (Guatemala), entre otras múltiples actividades. Supervisor de los programas de investigación de la Fundación Autismo Diario. Director Ejecutivo del Centro Iberoamericano de Referencia para la Atención de Desórdenes del Neurodesarrollo (CIRADEN) Miembro de AETAPI - Asociación Española de Profesionales del Autismo. Padre de un adolescente con autismo. @danielcomin en Twitter

5 Respuestas

  1. Antonio

    A modo informativo:
    El DSM es básicamente un producto comercial, subvencionado por las compañías farmacéuticas, cuyo objetivo último es generar la necesidad de consumo de medicamentos, asociando una patología al mayor número de comportamientos posibles. El problema aquí es el de siempre, hay demasiado dinero en juego. El comportamiento inmoral de este tipo de compañías es especialmente problemático en EEUU, dado que se deteriora de manera deliberada la salud de millones de personas.
    Lo peor es, que desde el punto de vista de estas compañías, esto no es más que una inversión, como otra cualquiera. -Como lo es, por ejemplo, sobornar a los miembros del gobierno para adecuar las leyes sanitarias a sus intereses-. Pero claro, es increíblemente rentable. Unas decenas de millones, como mucho, para obtener decenas de miles de millones. Calculen. Salvo especular con una criptomoneda que multiplique miles de veces su valor, no hay nada con una rentabilidad ni remotamente parecida. Entendiendo que provocar la muerte de miles de personas a cambio de miles de millones no es algo que le vaya a quitar el sueño a uno.
    Consultar: www.infocop.es/view_article.asp?id=3912

    Debe servirnos como consuelo, no obstante, que históricamente el mundo siempre fue más injusto de lo que es actualmente. Sigamos luchando para cambiarlo.

  2. Rafa

    ¿marcador biológico dice? Ya lo ha dicho todo.
    En fin….
    Lo que es curioso es que son precisamente los psicologos que viven del autismo, especialmente de las asociaciones de autismo quienes referencian los diagnósticos al denostado DSM5, sin embargo el discurso es que el autismo “no es una enfermedad”. ¿nos aclaramos o es que hay intereses de por medio?

    • Maritza López

      El TEA no es una enfermedad. Es un TRASTORNO DEL NEURODESARROLLO, de base biologica y ligado a la EPIGENETICA, lo que necesariamente lo califica como una cuestión médica y lamentablemente en la mayoria de los casos, en los adultos se acompaña de CO MORBILIDADES PSIQUIATRICAS.
      Los que tenemos hijos jovenes adultos con TEA sabemos muy bien de todas las complicaciones que sufren, tanto los afectados además de Discapacidad Intelectual, como los mas afortunados que no la tienen, pero entonces los Trastornos de Ansiedad y la Depresión son frecuentisimos, con e consabido aumento de riesgo suicida.
      Creo que son suficientes motivos para tener a mano el Médico Psiquiatra como el profesional de cabecera.
      Créanme, el Autismo no es una enfermedad, bien, pero es la condición mas cruel con la que puede nacer un niño.
      No le hacemos un favor a los padres jóvenes poniéndolos en contra del psiquiatra, se los aseguro. Además, aunque estemos luchando contra eso, la realidad es que un alto porcentaje de las personas con TEA han necesitado medicacion. psiquiátrica en algún momento de sus vidas.

  3. Graciela Adrian

    A ver, pues sin ánimos de defender o no al DSM V, y con la plena certeza de que estamos a unos años de encontrar la base genética o “marcador biológico” del TEA, motivo por el cual “saldría” inmediatamente del DSM V o VI…. Es necesario contar con algun manual, tratado, CIE o algo, que unifique el lenguaje entre profesionales y personas que abordan terapeuticamente o psicoeducativamente una condición.
    Creo que lejos de discutir la “psicotización” del TEA, mas daño ha hecho terminos como “niños indigos”, “diversidad funcional”, “capacidades diferentes”, “Autismo de alto funcionamiento”, “talento”, “intoxicado por metales” etc., etc., etc. causando gran confusión sobre todo en los padres, quienes son los principales actores, luego del niño, por supuesto.
    No necesariamente quien diagnostica, es el que ofrece tratamiento, e igual que usted, creo que el abordaje terapéutico debe orientarse a mejorar la condición psicoeducativa, a través de apoyos en el lenguaje y en la integración sensorial.
    Por otro lado, instituciones como el INAS-Fi, quienes agrupan al deporte paralímpico a nivel internacional y con sede en Londres, han dado cabida a atletas con discapacidad intelectual, solo y solo si, se diagnostican a través de los parámetros del DSM V y no como verdad absoluta, sino como herramienta para unificar criterios, hablar el mismo idioma y cerrar brechas de “interpretación” en tantos países que agrupan. Por cierto, acaban de incluir al TEA como prueba piloto en los deportes paralímpicos, y creame, es mejor que vayan ajustados al DSM V, insisto, no como verdad absoluta, sino como verdad unificadora entre profesionales de distintos países.
    Soy psicóloga, y mi función es diagnosticar, lo mas certeramente posible y mientras mas temprano mejor, aunque sea el alerta, con la finalidad de que ese niño reciba la atención temprana que permita disminuir sustancialmente el impacto posterior de su condición. La atención no la doy yo, sino otros profesionales debidamente entrenados para realizar apoyos en conducta verbal e integración sensorial.
    Insisto no estoy defendiendo el DSM V, y por supuesto que no es una enfermedad mental, pronto se encontrara su marcador biológico, y espero estar aun activa para verlo, y estudiarlo.
    Con mi admiración, desde Fundapsied, Edo. Anzoategui, Venezuela

  4. Manuela Martínez Águila

    No es “onceava”, es undécima o décimoprimera!!!!

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