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A menudo me preguntan madres y padres ¿por qué el teatro puede ayudar a sus hijos?, ¿en qué medida es terapéutico? Habría que decir antes que el teatro en sí mismo ya es sanador y liberador. Cualquier persona que haya hecho teatro puede expresar la sensación de plenitud que se experimenta. De hecho, quienes nos dedicamos de forma habitual al teatro, al finalizar la presentación es como si algo nos faltara. Y hay muchas razones de por qué sucede esto. Entre ellas que durante un espacio de tiempo hemos pensado, sentido y actuado de forma coherente y el absoluto presente. Algo que habitualmente no hacemos y que es una de las principales fuentes de malestar. Lo mismo, pero condicionado por su actitud menos activa, puede vivir el espectador.

No buscamos el espectáculo

Otra pregunta que suelen hacerme es si los asistentes a las sesiones, ya sean niños o adolescentes, van a representar una obra. Y puede suceder, pero no es el objetivo.  Este teatro no tiene como objeto presentarse como espectáculo sino mediante el juego teatral superar conflictos personales, tomar consciencia de nuestro cuerpo, darnos la oportunidad de vivir papeles a los que no nos atrevemos. Por ejemplo, una persona que habla mucho y que siempre desea protagonismo, puede experimentar el silencio encarnando el papel de un árbol que escucha lo que dicen dos enamorados recostados sobre su tronco.

Psicología y teatro

Y algo importante es recordar que los iniciadores del teatro terapéutico como Fritz Perls, Jacob Moreno, José Luis Padilla Corral, Jodorowsky o Augusto Boal, sin olvidar a mujeres claves como Lore Posner, Cecilia Thumin o Zerka Toeman; son personas vinculadas a la psiquiatría, la psicología y el teatro. Pero lo que une a todos es que han hecho y sentido el teatro; y los métodos terapéuticos que han creado están basados en el teatro.

Ejercicios y juegos teatrales

Con los niños y adolescentes con habilidades diferentes, el teatro terapéutico trata de estimularles para que vayan descubriendo su capacidad de imaginar, de soñar, de proponer y tengan creatividad, confianza y seguridad con sus propios cuerpos, sus movimientos y contacto físico con el mundo. No se trata de que sean actores y actrices, lo que hacemos es utilizar algunas ejercicios y juegos del teatro, accesibles y sencillos, para crear vínculos de comunicación de los niños con su entorno.

Y como no hay dos personas iguales elegimos para cada uno lo que le es más adecuado para el momento que está viviendo. Pueden ser juegos de expresión corporal, expresión verbal y no verbal, juego de roles, juegos mímicos, de títeres, de sombras y sobre todo la improvisación teatral que es la que nos permite crear desde lo más sincero de nosotros.

El punto de partida es la persona, no el diagnóstico

Una persona no tiene una condición sino muchas condiciones, habilidades, virtudes, recursos. A partir de ahí, y no a partir de un diagnóstico, es desde donde le acompañamos. Recientemente estaba con un niño y una persona me preguntó: ¿Qué tiene el niño? Miré al niño, que nos estaba sonriendo, y respondí: tiene una bella sonrisa. Después el niño aprende lo que él necesita y sugiere. Y sobre todo con el teatro aprende jugando, que es como se debiera aprender y en un ambiente protegido que le permite ensayar para la vida. Si un niño tiene dificultad para manipular objetos con las manos manejaremos títeres de dedo o de guante. Si siente frustración porque no logra comunicar lo que necesita pondremos medios que ofrece el teatro para estimular su comunicación ya sea verbal o no verbal. En todo caso es esencial escuchar a la persona.

Sesiones individuales o grupales

Inicialmente prefiero comenzar las sesiones de forma individual para conocer al niño o adolescente (y viceversa) y así establecer un vínculo. Con el tiempo van surgiendo las parejas o los grupos. Trabajamos las tres situaciones o se da el caso de alternar lo individual una semana con el grupo a la siguiente. Depende las necesidades. Pero indudablemente el camino nos lleva al grupo porque el teatro es un arte colectivo.

Teatro lo podemos hacer todos y en cualquier lugar

A mi entender el objetivo es no ser necesario salvo cuando lo requirieran los niños o adolescentes, padres o tutores, y que ellos mismos apliquen en casa, en su comunidad, en definitiva, en su entorno habitual, las técnicas que se desarrollan durante las sesiones. Y de hecho hay padres que nos comparten cómo lo están haciéndolo en su casa. Porque si el objetivo es la integración de los niños, niñas y adolescentes con habilidades diferentes en su entorno, ha de ser allí donde se produzcan los cambios. Sería una contradicción decir que el teatro lo podemos hacer todos y en cualquier lugar y después no colaborar en que ello suceda. Una de las constantes que tenemos es dar tareas a los padres, hermanos y personas que custodian a estos niños para que las realicen en su casa.

Acerca del autor:

Tomás Rubio se inició en el teatro sanador en la Escuela Neijing fundada por el psiquiatra y artista José Luis Padilla Corral, impulsor del teatro creativo sanador. Actualmente trabaja en el Departamento de terapias complementarias del Centro de Atención Integral para la Discapacidad (CAID) de Santo Domingo. Es codirector de “Arteatro en casa”, espacio de arte inclusivo, que ofrece artes plásticas y reciclaje, música, cine y teatro. Con anterioridad fue codirector de la compañía Teatro Escuela Divergente donde además de presentar obras, desarrollaban el teatro como instrumento se sanación con personas con diferentes discapacidades, para la resolución de conflictos en situaciones de violencia o discriminación por género y también como generador de humor en las relaciones laborales.


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