Contar un cuento a un niño con autismo requiere básicamente hacer lo que no se suele hacer. Sencillamente ver ante quién estamos. Esto es obvio, todos los niños son diferentes, con autismo y sin autismo, pero muchas veces esto se olvida. Puede que el niño hable, puede que aún no. Puede que la niña no nos mire, puede que sí. Puede que nos hable y nos mire, puede…

Y esto sirve para todos los niños y para todos los públicos. El cuento que contamos será el mismo cuento, solo varía cómo lo contamos y con qué recursos contaremos más y con cuales menos. Ya sean niños y niñas, adolescentes (a quienes también les gustan los cuentos) o personas adultas. Y salvo que se esté haciendo una animación a la lectura, lo ideal es dejar los libros a un lado y confiar en la tradicional narración oral y en nuestra capacidad y libertad de improvisación.

Otro aspecto es que cambien los cuentos y que Caperucita no sea siempre roja ni la bruja vista de negro. Que el lobo sea bueno y el príncipe un tirano. De pequeño mi padre me contaba Blancanitos y los siete enanieves, Cenicienta y el astronauta y otros cuentos improvis…hados. Además de esto también es importante, para que el cuento sea una experiencia de imaginación, no hacer trampas aprovechando el cuento para que los niños hagan lo que a nosotros nos interesa. Dejémonos pues de moralejas y de imponer ideas y que cada uno se coma como quiera sus lentejas.

Contar un cuento a un niño con autismo es contar un cuento a un niño. Pero ahora sí que voy a establecer diferencias. Porque los niños no diagnosticados con autismo son víctimas de lo que ellos, con muy buen criterio, definen como la hora del cuento aburrido que consiste en escuchar y escuchar. Y según van creciendo, la oreja se les va haciendo aún más grande porque cada vez hay que inventar menos y aceptar más lo que nos cuentan.

Sin embargo, como para comunicarse con los niños y niñas con autismo, se suele utilizar – según el niño y el momento – recursos visuales, sonoros y gestuales; en muchas ocasiones los otros niños se pierden la fiesta que supone contar a un niño con autismo un cuento donde las artes plásticas, la música, la danza y el teatro se cuelan en el cuento y arman un buen jaleo. Y pintamos la vaca Paca y cantamos muuuuuchas canciones y danzamos porque llegó saltando la rana Ana y ponemos carita gruñona porque al búho no le invitaron.

Contar un cuento a un niño con autismo es contar un cuento a un niño. Algo que antes salía solo a las personas y lo hacían con arte y gracia, con misterio y donde quien contaba, y quien escuchaba, intercambiaban los papeles continuamente y todos participaban. Ahora sigue siendo un arte, pero hay quienes se empeñan en llenarlo de tecnicismos para que parezca una técnica complicada y aparezcan los especialistas. Ay…si mi abuela viviera ella sí que podría vivir del cuento.

Contar un cuento a un niño con autismo es también, y sobre todo, dejarle contar su cuento…

 Acerca del autor:

Tomás Rubio, teatrista y escritor. Codirector de ARTEATRO, espacio de arte inclusivo. Forma parte del equipo de artistas del Centro de Atención Integral para la discapacidad de Santo Domingo (CAID). Es contador de cuentos, profesor de escritura creativa y se formó en Teatro Sanador en la Escuela Internacional Neijing (España y R.D.)


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3 Respuestas

  1. Ana María González

    Subir y bajar la voz, tener una cajita a la mano en donde guardemos un elemento de sorpresa, preguntar aunque no contesten, hacer mímica exagerada, dejar alguna pregunta para el siguiente día sobre el mismo cuento. Disfrutarlo al máximo

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  2. Gabriela

    Excelente y tierno…contar un cuento a un niño con autismo….y sorprendernos
    cuando le cambiamos la letra….

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  3. Lina Gómez

    Nuevamente traigo a colación la pedagogía waldorf, donde contar cuentos hace parte esencial de su curriculo. Y algo que me llamo mucho la atención es que un cuento se puede repetir hasta por 10 días, lo cual ayuda al niño a realmente apropiarse del cuento. En esta pedagogía, el profesor cuenta el cuento, con gestos, exagerando los tonos de voz…

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