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Sé que se acerca el temido momento, miro el reloj… Son las siete de la tarde, en una hora comenzará todo. Me empiezo a preparar psicológicamente, respiro profundo, varias veces.

Te miro y veo en ti un gesto serio. ¿Cuál será ese desencadenante que te hará estallar? Hoy ha sido un día agotador, no sé si podré hacerlo, ojalá no tuviera que hacerlo. Enseguida rectifico, sí que puedo, tengo que hacerlo, tú me necesitas fuerte.

Vuelvo a mirar el reloj intentando detener las agujas, pero ellas siguen, acercándose cada vez más.

Empiezas a llorar… me preparo. Me aseguro de que todos los presentes han entendido el protocolo de actuación: todo en absoluto silencio, nadie entrará en la habitación hasta que yo salga. Última respiración profundal … ¡Venga vamos!

Te cojo entre mis brazos y te susurro al oído mientras paseamos por el piso. Quizás hoy sea diferente … pero no, estallas, ya no puedes más.

Hago un último intento por ofrecerte el pecho, hace demasiadas horas que no comes y apenas tienes 3 semanas. Lo rechazas como cada día, comienza la batalla. En unos segundos, casi sin darme cuenta, tu nivel de ansiedad llega al máximo que puedes soportar, el tono de tu llanto es indescriptible. Es un grito que pide ayuda, como si pidieras salir de algún lugar en que te sientes atrapada. La expresión de tu cara desencajada presenta una mirada fija que no soy capaz de aguantar.

En este momento, mientras vamos hacia nuestro refugio, se me destroza el alma. Tardo dos segundos en recomponerme. No se trata de mí, sino de ti. No vas a pasar por esto sola, estoy contigo.

Tú y yo, con esta luz tenue que nos acompaña cada noche, nada tienes que temer. Sube a mi barca, pequeña, que juntas atravesaremos la tempestad, en mi barca no te hundirás jamás.

Entono esa nana fiel que tú ya reconoces, la que tantas veces escuchaste cuando aún estabas dentro de mí. Esa que te transporta a tus recuerdos más agradables, en los que mi calor te protegía de todo.

A ritmo de nana nos vamos dejando llevar… nuestros cuerpos bailan al ritmo que susurro, piel con piel como si de nuevo fuéramos una sola.

Y poco a poco empiezo a olvidar que lloras. Es algo que he tenido que aprender a hacer. Es la única forma de poder transmitirte toda la paz y serenidad que necesitas en estos momentos.

Sólo me apetece abrazarte y llorar contigo, pero, ¿quién nos sostendría entonces a ambas? No puedo contagiarme de tu estado. Dejo la mente en blanco, por ella solo pasan cada una de las notas musicales. Me relajo y me dejo llevar. Esta noche de nuevo lo conseguiré. Te traeré de vuelta aquí conmigo, a esta pequeña habitación donde todo lo que te perturba queda fuera.

Todos los sobreestímulos del día pasan por tu cabeza una y otra vez, impidiéndote avanzar. Impidiéndote distinguir entre el pasado y el presente. Sin dejarte ver que todo terminó.

Olvida todas esas luces cegadoras, aquí no hay luces, mi vida. Deja que nuestras miradas se encuentren y que solo la luz de la luna ilumine este momento.

Olvida todos esos elementos que te rozan la piel como pequeñas lijas. Ya no te harán más daño, ahora solo yo te acaricio. Deja que el calor de mi pecho calme tus heridas.

Olvida todos esos ruidos. Deja que mi canción te vaya arropando, esta noche mis brazos serán tu cuna. Escucha mi respiración, rítmica y tranquila, empápate de mi paz.

Te abrazo fuerte, haciendo un ejercicio de contención, y noto como tu tono muscular se va relajando. Empiezas a oírme, sabes que estoy contigo… y te vas dejando embriagar por el momento.

Ahora te acaricio suavemente, tus ojos se van cerrando… y buscas mi pecho.

Tu estado de alerta se va difuminando y mientras mamas, te vas quedando dormida.

Han pasado dos largas horas.

Mi vida, tengo que decirte algo. Te lo digo ahora que no me oyes, porque no podría decírtelo de otra manera. Mañana habrá nuevos estímulos que te sobrecogerán, pero como cada noche, yo estaré contigo.

Hace aproximadamente 2 años que estos episodios dejaron de producirse. Hoy, un avión ha sobrevolado nuestra casa mientras jugabas. Con paso ligero te has acercado a mí. Sin decir nada, me has abrazado y has cerrado los ojos.

Cuando el sonido ha cesado me has dicho:

– Ha sonado fuerte el avión, me he asustado un poquito.

– Sí mi vida, pero has sido muy valiente.

A todos los papás que acompañáis cada día a vuestros hijos en esta dura batalla de los desórdenes sensoriales, me gustaría transmitiros la importancia de la figura de apego seguro y del acompañamiento respetuoso en los procesos de los pequeños.

Acerca de la autora:

Marta Morito Aguilar

atravesdetusojos.wordpress.com

www.facebook.com/atravesdetusojos0/


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Sobre El Autor

Autismo Diario

Autismo Diario es una publicación sin ánimo de lucro, cuyo objeto está basado en difundir cuanta información relativa a la discapacidad -y más en concreto a todo aquellos relacionado con el trastorno del espectro autista TEA- aparezca tanto en medios de comunicación nacionales como internacionales. De igual forma, nuestro equipo elabora información propia.

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