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Mi hijo me regaló muchas cosas: sentimientos, emociones y aprendizajes de todo tipo. Pero en éste último tiempo me regaló algo que no esperaba: una gran verdad sobre mí misma, que es la respuesta a muchas incertidumbres generadas a lo largo de mi vida.

Siempre quise ser mamá, y luego de varios años de matrimonio sentimos que habíamos llegado al momento de dar el salto: buscaríamos nuestro primer hijo.

Nuestro bebé nos llegó con varios diagnósticos bajo el brazo, entre ellos el de TEA (Trastorno del Espectro del Autismo).

Me costó mucho verme representada por el mismo diagnóstico, si bien desde un principio se hicieron evidentes mis desordenes sensoriales —por los cuales desde la infancia había pasado por una serie de estudios, sin resultado alguno—, y el apego a las rutinas e intereses restringidos, y más adelante —adentrándome más en el tema— los problemas de función ejecutiva.

Anteriormente había recibido tratamientos psiquiátricos, con diagnósticos variados con los cuales mi personalidad nada tenía que ver. Esto último dicho por los mismos profesionales.

Los días previos a que comenzara la etapa de diagnóstico pasé de un sentimiento a otro, como un vaivén continuo que me llevaba de la seguridad de sentir que todo «encajaba con ese diagnóstico», que de repente el rompecabezas se acomodaba y tomaba una forma concreta, a pensar que no podía ser, que tal vez solo estaba exagerando yo misma las cosas y que tal vez estaba haciendo como los que comparan un miedo con una fobia.

Debo decir que mi idea del autismo estaba muy influenciada —como en la mayoría de las personas­— por las caricaturas televisivas y por los «autismos de libro», que muchas veces nada tienen que ver con la realidad.

Y llegó mi propio diagnóstico, que de no ser por mi hijo nunca hubiera llegado.

Desde ese momento creo que todo lo que siempre estuvo desordenado, cobró sentido: Ya no me siento culpable por ser como soy, y por primera vez siento que, si algo tengo que cambiar, ahora sé en dónde estoy parada, y tengo una brújula que me indica hacia donde debería ir. Aunque también me lleva a preguntarme si realmente es lo mejor querer ser como «todo el mundo» —como siempre quise—, o si no es hora de conocerme a mí misma.

Y al no sentir culpa, empiezo a animarme a mostrarme como soy, lo cual después de tantos años de aparentar, es difícil, pero a su vez liberador.

Sobre cómo soy como madre, lo que puedo decir es que mi maternidad está totalmente sobre-exigida, ya que mi hijo tiene además una enfermedad gástrica poco frecuente y de la que se sabe muy poco, y con la cual hay que tener cuidados extremos que no permiten la más mínima distracción, para que él no termine inmediatamente internado. Y que yo, con mis fuertes intereses restringidos, he puesto cada milímetro de cerebro a trabajar en desenmarañar qué era lo que le pasaba. Así fue que llegamos al diagnóstico, luego de desfilar por infinidad de médicos que sabían menos que yo, y con los cuales nunca hubiéramos obtenido respuestas, de no ser porque las respuestas ya las había encontrado yo misma.

Ser mamá con una Condición del Espectro del Autismo, no me garantizó ni ser mejor ni peor, así como una madre neurotípica no tiene garantizado ser buena ni mala. Todo parte de los sentimientos, y en mi caso, mis sentimientos hacia él son tan fuertes, que he puesto mis habilidades al total servicio de mi hijo, como podría hacerlo cualquier madre, de cualquier condición.


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Sobre El Autor

Analia Infante

Escritora y madre de un niño con una Condición del Espectro del Autismo, que no sólo me ha enseñado a ser su madre, sino que además me ha llevado a mi propio diagnóstico: Asperger. Intento trasmitir mis vivencias de modo sencillo y sin tantos violines de fondo. Soy una convencida de que para comprender el Autismo desde adentro es necesario, o más bien urgente, comenzar a escuchar las voces de las propias personas implicadas. La Plata, Buenos Aires, Argentina. Pueden encontrarme en Facebook: Maternidad Atípica www.facebook.com/maternidad.atipica O en mi blog: https://maternidadatipica.wordpress.com/ También estoy en Twitter: @Maternidatipica

4 Respuestas

  1. ASTRID RONDÓN

    EXCELENTE ARTÍCULO. Gracias por compartir. Y más aún te felicito por usar el término “Condición” en vez de “Trastorno del espectro autista”. Ese debe ser el correcto: Condición del espectro autista.

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  2. Leticia Valdespino Echauri.

    Excelente narración, ilustra la experiencia de una madre que sin lágrimas ni dramas enfrenta la condición de su hijo, eso es muy positivo para el desarrollo emocional de su hijo. Felicitaciones iniciaste un camino con mucha fortaleza.

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  3. Renata

    hola soy Renata, madre de un niño diagnosticado de TEA, me siento identificada con el artículo ya que al averiguar que era el autismo he visto las claves de como era yo en mi infancia. Creo que tengo síndrome de Asperger y nunca me lo han diagnosticado y eso que estuve en terapias gran parte de mi infancia.
    Podrías decirme por favor donde podría pedir ayuda para obtener el diagnóstico para mi.
    muchas gracias por cualquier ayuda y por el artículo.

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