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Tomar decisiones es básico en lo referido al autismo. Ya seas un familiar, una persona con autismo o un profesional de la intervención, deberás tomar muchas decisiones, generalmente muy específicas. Y normalmente tomamos decisiones en función de la información que tenemos. Usamos esa información para establecer un criterio que nos ayude en el proceso de la toma de decisiones.

Durante el proceso de análisis de la información, sacamos conclusiones, que son las que nos van a “convencer” de una cosa u otra, harán que creamos en algo o no, que pensemos que es una decisión acertada o no. En la actualidad el acceso a la información ha dado un paso de gigante gracias a Internet, en pocos minutos podemos estar consultando todo tipo de información científica, análisis realizados por especialistas, comparativas de datos, etcétera. Y gracias a ese gran volumen de información podemos tomar siempre la mejor decisión, o al menos así debería ser. Aunque la realidad luego dista mucho de este simple principio.

Para ilustrarlo haré referencia al Doctor Amos Tversky, psicólogo cognitivo de la Universidad de Stanford, quién explicó algo que se ha acabado denominando “El efecto Volvo”. Bien, el hecho es el siguiente: Un compañero del Dr. Amos iba a comprarse un coche nuevo, y para tomar la mejor decisión llevó a cabo un estudio de investigación sobre cual era la mejor opción. Para ello revisó todo tipo de información relativa al tema, y acabó con la conclusión de que los vehículos de la marca Volvo eran los más seguros, fiables y mejor construidos del segmento al que pretendía acceder esta persona. Todos los datos de especialistas, encuestas de satisfacción, análisis de seguridad, etcétera, coincidían, Volvo es sin duda la mejor opción. Es decir, que el análisis más científico posible llevaba a una conclusión: Comprar un Volvo.

Bien, hasta aquí todo muy científico. Lo curioso es que este señor no compró un Volvo, adquirió un vehículo que en sus propios datos estaba mucho peor clasificado. Lo que hizo que este hombre no comprase un Volvo fue que su cuñado tenía uno y había tenido muchos problemas con el mismo. Es decir, que el cuñado formaba parte de ese pequeño grupo de personas insatisfechas con la marca. Y tomo su decisión en base al criterio de su cuñado y no al análisis profundo sobre miles y miles de datos.

Realmente el protagonista de la historia se podía haber ahorrado el esfuerzo y preguntar directamente a su cuñado ¿no creen? ¿Y qué significa todo esto? Pues que en muchas ocasiones tomamos decisiones extrañas basándonos tan sólo en lo de “a mi vecina le funcionó”, y no nos hacemos otro planteamiento. Visto desde un punto de vista basado en la lógica, tomamos muchas decisiones irracionales. Este sesgo cognitivo nos lleva muchas veces a situaciones de los más extrañas.

Es fácil encontrar registros sobre este particular en la publicidad, donde este aspecto del testimonio social (sea cierto o no) va a hacer que nos decantemos por las experiencias de otros antes de por el proceso lógico en la toma de decisiones y el análisis concienzudo de la información. Y esto en el autismo se ve de forma constante.

timoNos vemos abocados a una maraña de información que a veces es difícil diferenciar qué es cierto y qué no lo es. Y tristemente nuestros estados emocionales superan a nuestra capacidad analítica y lógica. Les voy a poner un ejemplo. Vean la fotografía, ¿creen que es la misma mujer? La verdad es que no solo parece la misma, es que además su voz es la misma. Pueden verla y oírla aquí y aquí (Si algún vídeo desaparece avisen, tenemos copias). Bien, en el primer vídeo nos habla de como se curó del cáncer y en el segundo cómo curó a su hija del autismo, en ambos casos gracias al MMS. Es obvio que son vídeos con una carácter puramente comercial, y se basan en el testimonio (inventado), alguien cuenta qué bien le ha ido con tal o cual producto, y ya está ¡Mandamos la ciencia al carajo! Y tomamos una decisión basada en un testimonio, no importa si es verdad o no.



Cuando alguien dice lo que deseamos oír le vamos a prestar mucha más atención que a la verdad, sobre todo si esta no se acomoda a lo que deseamos. Ya lo decía Mark Twain: “Es más fácil engañar a la gente, que convencerlos de que han sido engañados”, y así nos luce el pelo. Nuestras creencias, o la necesidad de creer, nos juegan malas pasadas. Pero aquí no queda la cosa, ¿y qué pasa cuando la “ciencia” también es negocio? Porque esto también pasa. Pues que damos pábulo al testimonio, cosa que por otra parte también forma parte del sentimiento humano ¿Recuerdan al cuñado del Volvo?

Nada hay peor que ver como la gran industria farmacéutica nos bombardea con sus productos. Y aquí volvemos al efecto Volvo. Imaginemos que hay una vacuna que es muy eficaz contra una enfermedad determinada, y hacemos un análisis en profundidad y vemos como toda la evidencia científica así lo afirma, y vemos como millones de personas no se infectaron con esa enfermedad. Pero mi prima, que tuvo mala suerte, sí sufrió un fuerte efecto adverso de esa misma vacuna, entró a formar parte de esa persona por millón que sufre graves efectos por parte de esa vacuna. El resto nos lleva a una conclusión testimonial, las vacunas son malas y matan a la gente. Fin.

Bien, pues este sesgo cognitivo, sumado a la dificultad obvia de mucha gente para poder recopilar datos (muchas veces extremadamente técnicos y complejos), procesarlos y entenderlos, el resultado es evidente. Decisiones equivocadas, algunas generalmente muy costosas. Por ejemplo, ahora se ha puesto de moda el tratamiento con células madre, y una clínica de Panamá se está haciendo de oro con la transcraneal magnética. Obviamente ambos casos están revestidos de una aureola de ciencia (en este caso hay mucha pseudociencia). Ambos casos son extremadamente costosos y de dudosa eficacia, es más, el de células madre es hasta peligroso como pueden ver aquí y aquí. Pueden también leer un estupendo texto sobre el particular haciendo clic aquí.

¿Y cómo se convence a alguien para que tome decisiones testimoniales? Pues es muy fácil, o te enseño unos vídeos y ya hemos acabado, solo tengo que chantajearte con frases del tipo: ¿Realmente no quieres curar a tu hijo? ¿Vas a creer en lo que dice la industria farmacéutica que quieren enfermarnos a todos? ¿No necesitamos un estudio científico si tú misma lo viste en estos vídeos?, u otras lindezas similares. Y no hace falta nada más, ya que si luego algo sale mal, solo tengo que decir: Usted no siguió bien el tratamiento, u otra cosa similar de forma que descargo toda la responsabilidad en usted, por supuesto se les olvida comentar que los tratamientos “alternativos” del autismo mueven más de 5.000.000.000 de dólares americanos al año.

Y esta situación nos va a generar un montón de problemas, ya sea a nuestro bolsillo, o a nuestros niños. Pero aquí no acaba la cosa ¿Y qué pasa cuando acudo a profesionales que usan métodos avalados y no pasa nada? Que también pasa ¿Fue culpa de nuestras decisiones o de nuestras elecciones?

El proceso de toma de decisiones siempre es complejo, y en muchos casos nuestras decisiones pueden generar efectos inciertos, es importante por tanto saber evaluar los riesgos que nuestras decisiones conllevan, más si cabe cuando estas decisiones afectan a la calidad de vida de una tercera persona.

No hay una fórmula mágica, pero lo más cercano es la evidencia científica, cuando algo le funciona bien a todo el mundo en cualquier parte del mundo, sean ricos o pobres, altos o bajos, y esa metodología se puede replicar hasta la saciedad obteniendo siempre resultados similares, quizá debamos decantarnos por esa opción. Pero ¿y qué pasa cuando la ciencia no me da respuestas? Eso es ya harina de otro costal. Curiosamente ante situaciones así siempre hay un pionero que al final, acaba acudiendo al procedimiento científico para poder avalar lo que dice.

No pretendo hacer un discurso basado en el fundamentalismo científico, ya que la ciencia no siempre tiene respuesta, pero sí hacer un llamamiento a la reflexión, a la prudencia, al sentido común. Si nuestras decisiones afectan a la vida de otros, seamos conscientes de nuestra responsabilidad y tomemos las decisiones en conciencia, siendo conscientes de que hicimos todo un proceso completo para llegar a la mejor decisión.


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Sobre El Autor

Daniel Comín
Ex-Director de Autismo Diario

Ex-Editor de Autismo Diario y responsable de supervisión de artículos científicos. Especializado en sistemas de desarrollo y economía sostenible. Co-autor del proyecto de formación técnica y reinserción social de África Central para United Nations Development Programme (ONU). Coordinador del proyecto de salud pública para tribus nativas de Norteamérica. Ha impartido formación, conferencias y talleres sobre autismo de forma ininterrumpida en los últimos años en 6 países. Ha impartido clases magistrales en la Universidad de los Andes (Colombia), ha dado programas formativos especializados en la Facultad de Ciencias de la Educación de la PUCE (Ecuador) y profesor externo de la Facultad de Medicina San Carlos (Guatemala), entre otras múltiples actividades. Ex-supervisor de los programas de investigación de Autismo Diario. Padre de un adolescente con autismo. @danielcomin en Twitter

Una Respuesta

  1. Avatar
    Adriana Mosalve

    Muy Buena explicacion!! que Dios lo bendiga

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