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Terminaba de dar una conferencia sobre neuronas en espejo a un grupo de docentes de la Universidad en la que trabajo.  Comenzó el tiempo de las preguntas y levanta la mano un profesor, relativamente joven, del área básica de la carrera de médico (primeros tres años) y se expresó así:

Buenos días, lo cierto es que esta es la peor clase magistral que he recibido en mi vida…

Hizo una pausa mientras todas las miradas se dirigían hacia él, que luego se dedicó a concluir su argumento dejando expuestas una serie de razones, a mi parecer, poco fundamentadas y en las que había numerosos errores.  No puedo negar que me molesté y que me habría gustado dirigir una mirada de rayos catódicos para desaparecerle del salón, pero esperé a tomar de sus mismos argumentos la respuesta, especialmente de los errores procurando no faltarle en ningún momento el respeto.  Y al final le estimulé a seguir adelante con su labor educativa. La persona organizadora del evento se disculpó conmigo varias veces hasta que le dije que no era necesario, que en el mundo de las ideas todo argumento es válido para quien lo emite, y que tenemos que acostumbrarnos a la diversidad de opiniones y a las reacciones no apropiadas de otros ante los comentarios que externamos.  A mí me hizo mucho bien lo que el joven profesor universitario dijo, probablemente él no lo sabe, pero a raíz de su comentario cambié muchas de mis formas de proceder en el aula para cumplir la función docente de mejor forma; si él cambió no lo sé, pero esa es su responsabilidad.  Podría haber arremetido en contra de sus argumentos y haber dado una respuesta igual, ¿pero qué fruto dejaba aquello para los dos?

Arremeter como locomotora descontrolada contra cualquier idea contraria a las nuestras, contra cualquier persona que piense distinto a nosotros no hace ningún favor a la discusión sobre cualquier tema, más bien hace muchísimo daño. Ir regando hiel por el camino es ir amargando a muchos que terminan entregándose a quien les ofrece la dulce miel, aunque sea falsa y traicionera.

Con mucha frecuencia leemos argumentos sin sentido, falsos, tendenciosos, mal intencionados incluso, etc. en relación a los Trastornos del Espectro del Autismo y sobre muchos temas que se refieren al desarrollo del niño y del adolescente.  No es extraño que provoquen en nosotros diversidad de reacciones, especialmente cuando se afirma como cierto sin discusión algo que encierra en sí diversidad de falsedades.  Pero nuestra respuesta determina la calidad de la discusión que se pueda llevar y no solo eso, determina si logramos que algunas personas se acerquen a argumentos más válidos o que resulten alejadas por el ímpetu y arrogancia con la que presentamos las ideas que defendemos y que consideramos ciertas.

En las publicaciones médicas suele haber espacios para este tipo de discusiones en la sección de cartas el editor. Sucede que alguno de los lectores tiene argumentos o interrogantes válidos contra alguno de los artículos publicados y los presenta al editor, la otra parte tiene el derecho de responder, pero se evita enfrascarse en discusiones sin fin y también se evita la argumentación sin sentido. Cuando la respuesta, aunque sea válida, se presenta de forma inapropiada puede perderse el especial privilegio de dar a conocer a muchos ideas bien fundadas.

 Las páginas electrónicas dedicadas a los TEA abundan en este tipo de discusiones mal argumentadas, sin el respeto debido, defendiendo ideas descabelladas, ofensivas algunas veces o apoyándose en el recurso de descalificaciones tipo “yo lo sé todo y tú no sabes nada”.  ¿Y eso en qué nos ayuda?   Las respuestas son sencillas:

  • No ayudan en nada
  • Alejan a los demás del deseo de investigar o ahondar en lo que puede ser verdadero
  • Exaltan el ego de quien cree que ha ganado la discusión (el problema es que las dos partes suelen creer que han ganado)
  • Difunde las ideas equivocadas

 No se trata de agradar a todos, se trata de respetar a todos.  La falta de respeto o el recurso de calificativos ofensivos provoca lógicas reacciones en los demás, entonces la discusión puede llegar a convertirse en una muestra de lo “mal educados” que se puede ser a la hora de escribir.

¿Cómo llevar una buena discusión?

Para llevar una buena discusión se requiere de dos elementos: humildad y respeto. La combinación de ambas conduce a los mejores resultados.  Humildad para saber mis límites y reconocer que no soy poseedor de la verdad absoluta, y respeto a las personas e ideas de esas personas.

El recurso del insulto, el sarcasmo y doble sentido hieren cualquier discusión.  Y la herida puede ser irreparable. Tuve el gusto (no tan grande) de conocer a una persona con capacidad de envenenar cualquier discusión, de utilizar el lenguaje sin ninguna sutileza y de forma hiriente, sé que es una persona con muchos conocimientos, pero decidí jamás leer lo que escribe porque puedo encontrar la misma información en otros que escriben con respeto.  Sus ideas, al menos en mí, no producen fruto porque ya no me detengo a leerlas, sencillamente considero que hay formas más interesantes que aprender que leyéndole y terminando muy molesto.  Pero eso puede que lo provoquemos en muchas personas cuando escribimos y es necesario tener cuidado; escribimos para abrir mentes y abrir corazones, no para dejarles con heridas que pueden resultar irreparables.

Es importante también saber escuchar, tratar de establecer empatía con el otro y desde esta posición entender lo que nos quiere decir y si no se logra pedir aclaraciones.  Cada uno tenemos nuestra historia y las ideas que exponemos están impregnadas de esa historia.  Esto nos permite respetar el punto de vista del otro aunque no lo compartamos, pero muchas veces decimos “no comparto tu punto de vista” pero no puede luego acompañarse de muestras de irrespeto.

 Se trata de dar una muestra de que somos seres civilizados, capaces de sentarse en una mesa con cualquier persona y escuchar cualquier tipo de ideas.

¿Y esto que tiene que ver con los TEA?

 Mucho. Es uno de los campos de las ciencias en las que abundan, florecen, emergen y resucitan ideas poco fundadas, sin sentido e incluso tendenciosas, como anoté antes.  Saber argumentar para defender y exponer la verdad bien fundada que conocemos es necesario.   Ayudamos y cambiamos el futuro de muchos niños y sus familias cuando exponemos con claridad, respeto y empatía los conocimientos que la ciencia y experiencia aportan.

Son numerosos los niños con TEA sometidos a tratamientos inútiles, peligrosos e incluso crueles porque sus proponentes lo han sabido hacer de forma adecuada en tanto la otra parte elabora un argumento que provoca inmediatamente el cierre de tres lugares: la mente, el corazón y la página en la que se han leído.

“El respeto mutuo implica la discreción y la reserva hasta en la ternura, y el cuidado de salvaguardar la mayor parte posible de libertad de aquellos con quienes se convive.” Henri F. Amiel.

 

Artículo escrito por:

Carlos E. Orellana Ayala – Neuropediatra

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8 Respuestas

  1. Avatar
    Katiuska

    Me llamo mucho el nombre del articulo, ya que en el día a día en todos los ambitos se ha perdido el respeto, tolerancia y la humildad… desde que vi señales de alerta en mí y hijo, luego su diagnostico y mi caminar por aprender, realmente en estoa 18 años he vivido de todo, pero siempre hay qyienes hacen la diferencia… pero una parte muy delicada y que marca a los padres es la busqueda del diagnostico y encontrarse pofesionales automaticos… soy una madre que lee y este articulo describe lo que pasa todos los días y es nuestra decisión con que nos quedamos y que ignaramos por nuestra propia salud de vida. Gracias @autismodiario por todas las publicaciones.

    • Avatar
      MOnica Sassone

      Muy buen articulo. yo aprecio escuchar aquellos que hacen investigaciones y luego comparten en conferencias sus resultados. yo. pero en mi pais en algunos congresos que fui, no se valora tanto los paneles cientificos, sin saber el laburo que hay que hacer para escribirlos, mostrarlos, someterse a las criticas, etc.

      Yo lo valoro muchisimo. siempre que me siento a escuchar, recuerdo que soy solo una simple terapista ocupacional, que se siente agradecida por los investigadores.

      gracias por el articulo-

  2. Avatar
    María Rosario Cabrera

    comparto su opinión el respeto es la base de una comunicación asertiva,pero lamentablemente falta mucho en nuestra sociedad, es increible como sin darse cuenta muchos individuos dañan a muchos padres de hijos con algún tipo de condición especial, con comentarios si no hirientes,inapropiados.Yo como madre de un joven especial, le comento ya paso inadvertidos estos comentarios. Muy buen artículo, adelante y bendiciones!!!

    • carlosorellanaayala
      carlosorellanaayala

      Ese fue el motivo del artículo María Rosario Cabrera. La falta de respeto a la hora de escribir un artículo o comentario y de manera especial por parte de los profesionales. Se recurre mucho a los comentarios hirientes, al sarcasmo, al desprecio del comentario del otro, etc. No hacemos ningún bien a la discusión sobre los temas relacionados a los Trastornos del Espectro del Autismo cuando se escribe de esa forma.

      Gracias por haber leído el artículo. Bendiciones para usted también.

  3. carlos orellana
    carlos orellana

    Recibo su comentario y trataré de buscar en el escrito la razón que pudiera haber motivado su percepción (que no corresponde a la realidad de mi vida). Haré las correcciones que correspondan.

    Le agradezco por haber escrito. Un abrazo para usted.

  4. Avatar
    Nila

    Yo no soy ninguna eminencia, pero acaba de dejar ver en su escrito lo mucho que le incomodan los autistas, no es educación lo que nos hace falta, es una condición de vida y sí, podemos ser muy sarcásticos y podemos ofender a los seres que más amamos lastimosamente.

  5. Avatar
    P. Leal

    Bien dicho Dr. Orellana. El respeto y la humildad abre la razón. Cuando opinamos sin miedo a ser humillados se enriquece la conversación y todos salimos ganando.

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