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Las familias madrileñas que tienen hijos con autismo están nuevamente en pie de guerra, y las del resto de España también. Esta vez el problema viene dado por el incumplimiento de los ratios de alumnos en las aulas específicas creadas en centros ordinarios para niños con Trastorno del Espectro del Autismo (TEA). El Gobierno de Cristina Cifuentes, al igual que los anteriores, se está cubriendo de gloria con sus políticas mal llevadas y mal gestionadas de atención a alumnos con neurodiversidad. Pero esto no es -tristemente- algo exclusivo de la Comunidad de Madrid. Esto es Marca España, hagámoslo mal y gastemos el doble.

Ya en el informe publicado en mayo pasado por la Asociación SuresTEA los datos mostraban que en el 46,15% de los centros preferentes para alumnado con TEA se está sobrepasando la ratio de 5 alumnos con TEA en el aula TGD y este curso este porcentaje es todavía más alto. Aunque este informe tiene ciertas carencias, dado lo difícil que es recabar datos en la Comunidad de Madrid, en algunos casos cuasi imposible, esto debe tener que ver con las políticas de transparencia, es decir, los datos son transparentes, osea, invisibles, como los niños y niñas con autismo. El arte de la invisibilidad llevada a sus máximos extremos.

Y son este tipo de aulas específicas incrustadas en colegios ordinarios las que llevan este problema al ojo del huracán, aunque esto es algo que ya tomamos en consideración hace nada menos que cuatro años aquí: “Un mal modelo de integración escolar es perjudicial para el niño con Autismo”, ya tras este tiempo, pues nada, seguimos en las mismas. En mi opinión el origen de este tipo de aulas era bueno, la aplicación en su mayoría es malo, con lo cual vamos por el mal camino. Se supone que este tipo de aulas son un aula temporal, un aula lanzadera, donde en teoría se da una atención de calidad a alumnos con autismo para que finalmente acaben en un aula ordinaria, que al fin y al cabo es el lugar donde deben estar. La realidad nos dice que en su gran mayoría se han convertido en aulas de educación especial en un centro ordinario pero generalmente con menos medios que la educación especial. Así que al final lo que nos acaban dando son Aulas de Educación Espacial (No es una errata, pone espacial a posta), para que los niños acaben en atmósfera cero en sabe Dios qué nivel formativo. Son el reflejo del fracaso de las políticas inadecuadas, de no hacer caso a los técnicos que sí saben y escuchar solo al asesor económico, que ni sabe, ni sabrá, y claro, ¿el político a quien va a escuchar?, ¿a técnicos de la propia administración que hacen propuestas correctas?, ¿a las familias que en suma son quienes les votan?, ¿o al lameculos de turno?, obviamente al último. Y claro así nos va. El actual modelo de aulas TEA/TGD de la Comunidad de Madrid, en su generalidad (aunque hay casos donde funcionan perfectamente) son un fracaso, no han cumplido su propósito, cuestan una fortuna y no dan resultados. Pero no es culpa del profesional del aula, la culpa hay que buscarla más arriba. Para eso mejor las quiten todas y hagan otra cosa, a poder ser, una cosa bien hecha, con criterio y con un objetivo claro de futuro.

Las aulas TEA/TGD se han convertido en un tapabocas, para que familias que no quieren llevar a sus hijos a centros específicos puedan quedarse “tranquilos” y “felices” al ver con “satisfacción” como sus hijos son incrustados en un aula con (generalmente) pocos medios, pocos profesionales, poco de todo, de forma que el niño fracase en sus posibilidades, pero eso sí, fracasará bajo el paraguas de la educación ordinaria, aunque en realidad, estaba en un “aula de educación espacial”. Así que mis queridas familias, os tomaron el pelo, os callaron la boca y pensasteis que habíais ganado, ojo a lo que deseen, no sea que se lo concedan. Ya que una vez llega secundaria, el trámite es fácil, el niño no vale, no aprende, no nada, mándelo a un Centro de Educación Especial, ya que nunca debió haber ido a otro sitio, y fin, el niño perdió sus posibilidades porque se las robaron, engañaron a sus padres y ellos picaron. Y cuando las familias se dan cuenta de que dada su mala suerte cayeron en un aula low profile, ya es tarde. Luego siguen votando a los mismos, pero eso es harina de otro costal.

Debido a esta situación de incumplimiento se ha lanzado una campaña en redes sociales con el hashtag #5porAulaTGD, exigiendo que no se superen los ratios por aula. Petición totalmente lógica, ya que si se hacen leyes y reglamentos, lo normal es cumplirlos. Sin embargo hay algo en lo que nadie parece haber caído. No es solo una cuestión de ratio, es una cuestión más extensa. Y nuevamente vemos como la petición es adecuada, pero a la vez equivocada, y se van a equivocar como se equivocaron apoyando la aulas TEA/TGD, a un servidor, y tras analizar detenidamente la cuestión me cuesta mucho apoyar la campaña #5porAulaTGD, y me cuesta por lo siguiente:

El problema no es el ratio, un aula puede tener 8 o 9 niños y funcionar como la seda y otra tener 4 y ser un desastre. La cuestión debe ir más allá. Primero y fundamental, un buen informe de evaluación del alumno, este informe (siempre y cuando esté hecho por profesionales con capacitación y experiencia y no tenga influencias del jefe lameculos de turno) nos dará un perfil de fortalezas y debilidades del alumno. A partir de ahí se establecerá un plan individualizado para atender las necesidades educativas del alumno, y en consecuencia, poner los medios necesarios.

A continuación, ya que lo vamos a incrustar en un aula TEA/TGD hagámoslo bien. Los perfiles de los niños de ese aula deben ser similares. Imaginen un aula donde el mayor tiene 12 años y unas conductas inadaptadas importantes, el menor tiene 3 y se hace pipí y caca encima y se pasa la jornada con berrinches, solo dos alumnos van a requerir la atención cuasi permanente de dos personas. Y recen para que uno de los otros tres no tenga crisis convulsivas u otra comorbilidad. Y si el aula tiene ese ambiente, los otros 3 alumnos acabaran empapados de nerviosismo, y el tercer profesional deberá lidiar con esos otros tres alumnos, cada uno de una edad y necesidades diferentes. El resultado es fácil de ver: Tres profesionales que acaban reventados y frustrados y cinco niños que no tienen la atención necesaria. Y si con 5 será un fracaso, con más alumnos no habrá mucha diferencia en el nivel educativo pero con más frustración para el profesional y mismo resultado para el alumno ¿Realmente queremos esto? El que lo quiera que lo apoye, yo no.

Por tanto, un aula específica TEA/TGD debe tener niños con perfiles compatibles (no tienen ni que tener la misma edad), profesionales y medios adecuados, y un programa de inclusión del alumno con plazos y medios perfectamente definido. El aula específica debe acabar siendo solo el punto de apoyo de la inclusión del niño, no el parking perpetuo del niño con autismo. Por eso es importante que las evaluaciones de los niños se hagan bien, sin interferencias externas. No es cuestión de ratio, es cuestión de excelencia educativa y de un programa adecuado. Si hay 3 o 9 en el aula no es lo más importante, lo que cuenta es si los niños de ese aula (sean los que sean) están recibiendo la atención correcta. Y si es necesario que el ratio sea 1 a 1 en determinados casos, pues que lo sea. Hablamos de niños, y los niños no se pueden sumar, restar, multiplicar, dividir,…, ¡no podemos hacer operaciones matemáticas con niños! Debemos elaborar programas de trabajo, no sacar cálculos estadísticos ni promedios.

Otro aspecto básico es el apoyo del alumno cuando va al aula ordinaria, a su aula de referencia (Que en muchos casos solo es educación física, música, dibujo,…, y poco más) debe estar todo adaptado a sus necesidades, y por extensión a la de todos los alumnos con necesidades educativas especiales. Si esto no se da y en el aula hay 35 niños (¿ahí no parece preocupar tanto el ratio no?), al docente del aula le generamos un problema inmediato. Luego decimos que la culpa es del docente, pero a nadie se le ocurre pensar que quizá ese profesional esté haciendo milagros a diario para poder llegar a dar una atención medianamente buena a sus alumnos, en un aula saturada y sin apoyos de ningún tipo, no le pidan comprensión ni tolerancia, lo que le tendrán que dar es un bono para un balneario. Y si las propias aulas no están preparadas ni el docente tiene medios, el resultado es que el niño con autismo no sale de su aula espacial, y sigue ahí, flotando en el vacío.

Pero profundicemos mas. Caso real de un aula específica TEA/TGD en un colegio público. Una de esas aula que funcionan como la seda, que hacen un trabajo de gran calidad, en un colegio donde el claustro trabaja bajo un mismo criterio y donde desde la dirección al bedel están todos bajo el mismo impulso, que los hay y lo hacen muy bien. Que la responsable del aula TEA/TGD te diga, este año hemos vuelto a tener suerte, los dos niños que nos han llegado nuevos vienen muy bien y vamos a trabajar estupendamente (Un aula de 8).

¿Suerte? ¿Perdón?, ¿es un colegio o un casino? ¿Y si hubiesen tenido mala suerte qué habría pasado? Y es que no podemos jugar a la ruleta de la fortuna con la educación, no puede existir el factor suerte. No es solo cuestión de ratios, es cuestión de más cosas. Tenemos muy buenos profesionales, pero no son magos, y además apenas nadie cuenta con ellos para casi nada. Bueno sí, para recortarles el salario, para que todo el mundo les tenga manía y para que acaben de los nervios cuando se ven incapaces de sacar adelante a sus alumnos. A mi me ha llegado a llamar una responsable de un aula TEA/TGD llorando, frustrada, indignada, y encima las familias de sus alumnos se la querían comer viva, era la culpable de todo, y me consta que es una grandísima profesional, pero los milagros son en Lourdes. Familias y docentes deben crear frente común, cuando eso se da, las cosas cambian. Pero cuando o por parte del docente, o por parte de la familia o por parte de los dos, se genera una situación mala, pues todos a los tribunales y a perder el de siempre, el alumno.

La educación de niños con autismo empieza en la atención temprana, esa que tiene tantas carencias. Empieza en dar formación a las familias, empieza cuando se apoya al entorno familiar. La educación de los niños empieza en el momento del diagnóstico, no cuando cumple 3 años y lo llevamos al colegio. Insisto, un colegio no es un centro de atención temprana, no debe ser función de un PT (Pedagogo Terapéutico), un AL (Audición y Lenguaje) o un AE (Auxiliar Educativo). Su función es otra. Ojalá pudiéramos dar atención temprana en los colegios, pero de momento esto se hace de otra forma. No es cuestión de ratio, es cuestión de cómo llegó el niño al colegio, es cuestión de qué medios se van a dotar al centro, es cuestión del grado de formación que se da a los profesionales, es cuestión de la visión de futuro que se tiene del proceso educativo del alumno. Y esa visión incluye por supuesto el ratio, pero no es lo único. Ampliemos la visión y daremos buena educación. Cambiemos nuestra forma de entender y veremos como es más económico y además mucho mas eficaz.

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Sobre El Autor

Daniel Comín
Director de la Fundación Autismo Diario

Ex-Director y Ex-Editor de Autismo Diario y responsable de supervisión de artículos científicos. Especializado en sistemas de desarrollo y economía sostenible. Co-autor del proyecto de formación técnica y reinserción social de África Central para United Nations Development Programme (ONU). Coordinador del proyecto de salud pública para tribus nativas de Norteamérica. Ha impartido formación, conferencias y talleres sobre autismo de forma ininterrumpida en los últimos años en 6 países. Ha impartido clases magistrales en la Universidad de los Andes (Colombia), ha dado programas formativos especializados en la Facultad de Ciencias de la Educación de la PUCE (Ecuador) y profesor externo de la Facultad de Medicina San Carlos (Guatemala), entre otras múltiples actividades. Ex-supervisor de los programas de investigación de la Fundación Autismo Diario. Director Ejecutivo del Centro Iberoamericano de Referencia para la Atención de Desórdenes del Neurodesarrollo (CIRADEN) Miembro de AETAPI - Asociación Española de Profesionales del Autismo. Padre de un adolescente con autismo. @danielcomin en Twitter

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