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Puntualizaciones sobre el miedo como emoción preponderante en las personas con autismo severo

Las emociones son parte indiscutible en la vida de todos los seres humanos, el miedo responde a una perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo, un daño real o imaginario. Sin embargo, el miedo asume en algunas personas con autismo, uno de los más representativos e interesantes estilos de manifestaciones conductuales.

Desde mi experiencia, la sensación y percepción de la existencia de un riesgo siempre latente es lo que invade a muchas de las personas con autismo, a lo que añadiremos la correspondiente impotencia sobre cómo ellas mismas deben actuar ante estas situaciones (reales o imaginarias), que son difíciles de distinguir dentro de sus patrones mentales. Entonces podemos notar que ignoran cómo reaccionar frente a lo que sabemos les causa miedo, así como también de dónde extraer herramientas para paliarlo.

El miedo aparece y desaparece, no se descarta, sino que va acompañando y “personificándose” en situaciones imprevistas y en otras que se pueden prever. Esta sensación de miedo suscitará angustia y ésa angustia, a su vez, generará temor.

Esta es la razón por la que sostengo que el miedo simboliza una emoción de amplio alcance en el universo del autismo, y por este motivo, desencadena en la persona que lo vive, variadas reacciones que pueden darse solas o en cadena, o sea, con un inicio moderado que va aumentando hasta niveles intolerables para aquellos que lo padecen.

En una situación atemorizante, todos los seres humanos tendemos defensivamente a paralizarnos, huir o luchar, es decir, reaccionamos deteniéndonos ante ellas, escapando de ellas o entrando en disputa con ellas.

De allí que equivocadamente se suele asociar diversas reacciones humanas violentas o generadoras de conflicto como aisladas de estas variables, cuando realmente se trata de conductas que surgen a modo de defensa contra esos temores, indispensables para la supervivencia, conservación y perpetuación de la especie humana.

En el instante justo que vemos amenazada nuestra integridad física o psicológica, nuestro mecanismo defensivo se dispara.

Nuestro cuerpo también siente miedo, y lo hace aportando datos físicos y fisiológicos tales como el aumento de la presión arterial, de la velocidad del metabolismo, de los niveles de glucosa en sangre, incrementa también la adrenalina y la tensión muscular, lo que hará que nuestras pupilas se dilaten para admitir una mejor visión circundante, a la espera de una mayor apertura a lo que nos está provocando la sensación de miedo. Se detiene el sistema inmunitario, al igual que toda función no esencial, porque es el momento de apartar lo secundario para hacer mérito a lo realmente prioritario: el miedo.

Pero todas estas reacciones instintivas frente al miedo tienden a desparecer cuando se disipa el temor (miedo como alarma). Ahora bien, si tales amenazas son malinterpretadas o persisten de manera prolongada, lejos de preservar la salud, la deterioran, porque su duración y su intensidad se mantienen, generando un coste importante a nivel orgánico y mental para la persona que lo siente.

En la persona con autismo severamente afectada, cada vez que un objeto que le atemoriza se aproxima hacia su espacio vital, y no ve la manera de controlarlo, tampoco confía en que otro sea capaz de hacerlo, de allí la urgente necesidad que tienen los terapeutas de conocer las señales emocionales de estas personas, así poder actuar eficazmente ante ellas, es por esto que muchas de las personas con autismo reaccionan agudizando esta sensación de temor, adicionando más miedo al miedo; malogrando la noción de su real consecuencia y desarrollando un comportamiento no adaptativo tras esta desmesurada percepción.

El miedo resulta ser entonces emoción y reacción, pero cuando éste se torna irracional, desmesurado y constante, puede convertirse en conmoción, que en su repetición sintomática se elevará a la categoría de habituación. Por ello sostengo que, una conmoción conocida e internalizada acaba por ser, para la persona que lo percibe, un miedo como emoción preponderante y pivote conductual.

Es el mismo temor el que interfiere explícitamente sobre la capacidad de la persona con autismo para afrontar y resistir circunstancias contrarias o aversivas, aparte de colaborar en la aparición de crisis de angustia o inquietud; asumiendo un razonamiento equivocado y a la vez exasperado de peligro ante un determinado estímulo o incluso en ausencia de él.

El miedo como eje conductual, no se centra en hacer converger o acotar todo acto del individuo con autismo hacia esta emoción, sino situar al miedo según los parámetros de una sensación que habita intermitentemente en el fuero interno de la persona con autismo, con la crudeza que a veces impone una de las verdades más sombrías en esta instalada condición.

Pero no todo es tan oscuro, allí están las personas que quieren y apoyan incondicionalmente a este colectivo, que aportan una vivacidad que por momentos “se presta” para que confíen que ése mundo de las personas neurotípicas les ofrece también recompensas en otros niveles.

Para instaurar esta confianza debemos identificar las motivaciones del temor (conocer la manera particular de donde ellas encuentran su expresión), saber sus accesos para luego moderarlas, enseñándoles estrategias para dominarlas o canalizarlas hacia vías más sanas y adaptativas.

¿Cuáles serían las posibles situaciones que generarían estados angustiosos y/o de miedo en los individuos con TEA?



  • Cuando existe una sobre-estimulación sensorial (información exagerada que es recibida por los cinco sentidos) y/o cognitiva (recepción de un caudal enorme información que afectan a sus procesos mentales para llevar a cabo una tarea).
  • Cuando la ansiedad se hace insoportable en un momento de espera o de falta de programación, un momento en que no se sabe lo que pasará después, un hueco que se alza sin respuesta.
  • Cuando presentan estados de confusión, debido a molestias físicas, falta de descanso, efectos secundarios de la medicación o sutiles cambios derivados de ella.
  • Cuando reciben visitas inesperadas dentro de su espacio terapéutico, fallecimiento de un ser querido, separación de los padres, enfermedad crónica de un familiar, etc.
  • Cambios bruscos de rutina y estructura del emplazamiento al que están acostumbrados, sin previa anticipación de aquellos sucesos novedosos.
  • Cuando se tiene poco cuidado en el manejo de los tonos de voz hacia ellos, (recordemos su dificultad para traducir o asociar gestos y entonaciones con el estado anímico de las personas).
  • Ante la impotencia de no poder demandar lo que necesitan de manera inmediata.
  • Por frustración frente a una tarea que no es realizada con éxito.
  • Por enfado o desconcierto ante ciertas crisis de agitación que pueden observar en otros compañeros y no saben cómo manejar ese “ser testigos” de tales acontecimientos.
  • Por reclamo de atención, por cansancio o fatiga.
  • Por no comprender una consigna o tener que responder positivamente a una actividad que no le incentiva.

El Dr. Antonio Damasio (neurocientífico portugués), sostiene que si el ser humano no dispone de cierto control sobre el miedo, no puede tomar decisiones ventajosas, porque no hay buen registro de las emociones, o sea, algo no va bien.

Cuando el miedo encuentra su inicio en algo del exterior, modifica nuestras respuestas corporales, se producen alteraciones en nuestro organismo que “alborotan” nuestra manera de actuar, hay algo que dispara nuestra ansiedad y crea un conflicto que afecta a nuestro equilibrio homeostático y funcional.

Pienso que la persona con autismo severo irrumpe con un cuerpo hostigado por el temor, que presentará, según el caso, una limitada capacidad intelectual, una moralidad ausente, una experiencia laxa, y un sentido común que se desboca ante cualquier imprevisto, situación que me conduce a evaluar su ineficacia frente a diversos actos que decide emprender.

¿Cómo revertimos este abanico de reacciones, que súbitamente aparecen en algunas personas con TEA y que muchas veces tardan en apaciguarse?

Aquí expongo propuestas que pueden ser de gran utilidad:

 

  • Ofrecerles ejercicio físico invitándoles a que realicen algún movimiento, por ejemplo: caminar, correr un par de vueltas por un espacio abierto.
  • Aplicar la técnica del “tiempo fuera”, un descanso o margen de tiempo donde el individuo afectado pueda distanciarse del aula, patio, sala, etc. (siempre controlando su comportamiento) influirá en la merma de su estado de temor.
  •  Verbalizando el concepto “se ha acabado”, apoyado con imágenes o gestos, según sea su código expresivo.
  • Evitar tareas que le desagraden, puede que esté pasando por una etapa de extrema irritabilidad y ante cualquier tarea que le resulte poco atractiva, su reacción de enfado o de evasión será desproporcionada, es decir, barajar el tema personal como potenciador de estos comportamientos.
  • Promover un sistema de comunicación alternativo, o aumentativo, éste último si ya cuenta con algún tipo de comunicación verbal; debemos asegurarnos que no hubiesen fallas en la comprensión de la consigna.
  • Reforzar el uso de soportes visuales para hacer más directa y explícita la consigna, ofrecer información concisa para garantizarles la vigencia de una estructura y un plan concretos.
  • Analizar la situación apuntando sus variaciones y la periodicidad de sus reacciones, para encontrar asociaciones entre sus maneras de reaccionar y lo que las ha provocado, identificar detonantes de comportamientos inadecuados.
  • Tener acceso a un buen traspaso de información entre las personas (padres, maestros, etc.) que atienden al individuo con TEA, para no perder detalle sobre su salud física y estado emocional, y también para conocer cómo ha transcurrido el tiempo en que se ha mantenido fuera del centro o escuela, si se diera el caso.
  • Disponer de un rincón específico y delimitado donde la persona con TEA pueda apartarse, calmarse y recobrar su estabilidad. Mediante la exposición repetida y habitual de este sitio, ella podrá llegar a asociar su crítico estado con la necesidad de revertirlo.
  • Verificar si han habido cambios ambientales que afecten a su sensibilidad, tanto en el aula o fuera. Por ejemplo: bajada de temperatura ambiente, lluvia, truenos, cambios de hora, aspecto exterior del paisaje o elementos dentro de éste que puedan resultarle desconcertantes.

De este modo, el plan de intervención para futuras conductas desajustadas será más rápido y efectivo, porque sabremos de antemano algunas de las posibles causas de su aparición, abogando para que las personas con autismo puedan sentir la libertad que supone el dejar de temer, o al menos que ése temor, no les “duela” tanto.

Ante la indiscutible dificultad que poseen algunas de las personas con este desorden de comunicar lo que les causa temor o angustia, los profesionales de la salud nos posicionaremos como estabilizadores y niveladores de su equilibrio mental y emocional.

Entonces puedo intuir un diálogo que se abriría en torno a estas dos posiciones, un diálogo que lo graficaré a modo de poema:

Persona con TEA: – No puedo avisarte que me asustan los botones rojos de tu abrigo, no sé cómo enseñarte las lágrimas que no puedo ni yo mismo vislumbrar. Son perlas que se entrometen como alfileres sobre mis párpados.

Terapeuta: – No existe llanto capaz de herrumbrar el alma del que siente, del que cree…Y espera.

Colaboremos pues, en mitigar ése miedo que en ocasiones, no puede expresarse con palabras, poniendo voz desde el conocimiento de esa persona y de lo que la hace temer, para así encauzar esta emoción hacia terrenos de mayor tolerancia, de menor ansiedad y mejores y más saludables estrategias de afrontamiento.


Autora: Psicóloga Rossana Viapiano Dilascio, contenidos extraídos de su libro “Autismo y Espejismo”. Lo que confunde y aliena en los adultos con Trastornos del Espectro del Autismo (TEA), Editorial Círculo Rojo, Junio de 2014.-


© Rossana Viapiano Dilascio, todos los derechos reservados.
Este artículo no puede ser reproducido ni copiado sin autorización expresa


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2 Respuestas

  1. Avatar
    Martha Tovar Espinosa

    Siento profunda tristeza por toda la población infantil de escases recurso y coraje con tanta gente inmensamente rica tan superficial y egoista que solo piensan comprar y pasear que no mueve un dedo por ellos, se siente tan hermoso dar sin esperar nada a cambio, tengo un nieto de cinco años con autismo pienso que moderado, y todavía no lo creo, que paso ahi, no lo se, solo se que sus padres han llorado y tampoco todavía no lo cren, pero tambien los admiro porque le ha ayudado mucho y lo cuidan y quieren mucho, como yo, ellos viven en estados unidos y bendigo a ese pais, porque nosotros no podríamos pagar lo que llos hacen por mi nieto, yo quisiera dar alguna aportación pero no confio en escribir mi número de cuenta.

    Tambien le comento que pronto me jubilare y ya no podre recibir sus correos, hasta fines de febrero sera cuando vuelva a conectarme pues me ire a ver a mis nietos y ver que puedo hacer por mi nieto con la bendición de dios,

  2. Avatar
    Fabiola

    Quisiera contactar con la autora del libro para consultar si conocen profesionales de referencia para tratar a adultos con autismo severo en Argentina.

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