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Enfermedad de Lyme (Borreliosis) y Autismo: Ninguna relación

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Borrelia burgdorferi. Imagen de microscopia electrónica de barrido, magnificado 7-10,000 X. Lyme Disease Foundation

Borrelia burgdorferi. Imagen de microscopia electrónica de barrido, magnificado 7-10,000 X. Lyme Disease Foundation

Quizá para mucha gente la enfermedad de Lyme o borreliosis no les diga nada, pero hasta hace relativamente poco se especuló con la posibilidad de que estuviera ligada al autismo. Incluso a día de hoy siguen existiendo algunas empresas que ofrecen un tratamiento en base a antibióticos para “curar” el autismo. Sin embargo, esa hipótesis fue descartada por un estudio que se publicó el año pasado.

Últimamente hemos recibido muchas consultas al respecto de este asunto, incluyendo algunas familias que han gastado importantes sumas de dinero en este tipo de tratamientos. Intentaremos aclarar primero qué es la enfermedad de Lyme, y a continuación explicar la conexión que se pretendió establecer con el autismo.

La enfermedad de Lyme o borreliosis es una enfermedad causada por la picadura de algunas especies de garrapata portadora de espiroquetas del género Borrelia, siendo las más frecuentemente asociadas a la enfermedad de Lyme la Borrelia burgdorferi, Borrelia afzelii, y Borrelia garinii(1). La enfermedad de Lyme es prevalente en los climas templados de Europa y Norteamérica, aunque existen reportes en otras zonas como China(2), Japón(3) ,Australia(4), norte de África(5) y Brasil(6).

Ciclo de vida de la Borrelia burgdorferi. Foto: Wikipedia

Ciclo de vida de la Borrelia burgdorferi. Foto: Wikipedia

La enfermedad debe su nombre a la ciudad de Lyme en Connecticut, que fue donde primero se realizó una descripción completa de la enfermedad en 1977, cuando un grupo de niños de esa localidad presentó síntomas de artritis reumatoidea; aunque ya en 1909 se la denominaba Eritema Crónico Migratorio y entre 1920 y 1940 Neuroborreliosis. En 1978 se estableció la relación entre Artritis, Parálisis Facial y la picadura de la garrapata Ixodes. En 1982 Burgdorferi y colaboradores aislaron el agente etiológico de la garrapata Ixodes, fue una espiroqueta que al momento se conoce como Borrelia Burgdorferi. Sin embargo, esta enfermedad está presente en la Tierra desde tiempos inmemoriables, por ejemplo, Ötzi “el hombre de hielo”, que fue encontrado en los Alpes italianos en 1991y al cual se le dató con unos 5.300 años de antigüedad, era portador de la enfermedad.

Para que exista un contagio efectivo, la garrapata debe permanecer adherida al menos 24 horas al anfitrión (es decir, en el ser humano). A pesar de que algunos estudios han encontrado la presencia de Borrelia Burgdorferi en mosquitos(7), se cree que no son un vector de transmisión. Otra forma de contagio es la transmisión al feto en madres infectadas durante el primer trimestre del embarazo(8,9), en caso de que la madre esté tomando medicación para el Lyme el contagio es muy infrecuente, y si no lo sabe y por tanto no toma ningún tratamiento, puede llegar incluso a tener graves consecuencias para el feto.

Imagen micrografía electrónica de barrido de Borrelia burgdorferi. Imagen cortesía del Centro Wadsworth del Departamento de Salud del Estado de Nueva York.

Imagen micrografía electrónica de barrido de Borrelia burgdorferi. Imagen cortesía del Centro Wadsworth del Departamento de Salud del Estado de Nueva York.

Uno de los grandes problemas que tiene esta enfermedad es lo difícil que es diagnosticarla, ya que se suele confundir con otras patologías diferentes, de hecho, puede afectar de formas muy diferentes a cada persona. Como aspectos principales puede producir manifestaciones cardíacas, neurológicas, reumatológicas y cutáneas, ya sea de forma individual o combinadas, generando cuadros dispares entre unas personas y otras, incluyendo cuadros de tipo psiquiátrico. Es muy común confundir la enfermedad de Lyme con: esclerosis múltiple, fibromialgia, lupus, síndrome de fatiga crónica, varias condiciones alérgicas, candidiásis crónica, enfermedad de Crohn, Epstein Barr, síndrome de Guillain-Barré, dolores de cabeza (severos), hipotiroidismo, síndrome del intestino irritable, artritis, enfermedad de Lou Gehrig, neuralgia del nervio trigémino,… y en algún caso puntual y en niños pequeños, puede presentar síntomas parecidos al autismo.

En cualquier caso, si presenta algún síntoma, vive en una zona de riesgo y le han picado garrapatas, acuda al médico, le harán unas pruebas basadas en un análisis de sangre, una de las pruebas se denomina ELISA (Enzyme-linked immunosorbent assay), u otra prueba mucho más certera denominada Western blot o Immuno Blot. Cualquier sistema público de salud dispone de laboratorios para hacer esta prueba, que por cierto no es cara, ya que tanto ELISA como Western blot son pruebas que, entre otras enfermedades, se usan para el diagnóstico del VIH, así que raro será el laboratorio medio decente que no disponga de la experiencia y el instrumental, y por tanto el costo debe ser bajo.

Aunque de forma muy resumida (pueden revisar la bibliografía y otras fuentes consultadas para saber más) hemos visto que la enfermedad de Lyme o borreliosis tiene un origen muy claro y un tratamiento farmacológico (con antibióticos) que tiene un buen resultado.

Bien, y entrando en lo relativo al autismo ¿de dónde viene la presunta relación entre la borreliosis y el autismo? A raíz de un artículo publicado en la revista Medical Hypotheses(10) en el año 2007 en el que se tomaba el testigo de la Lyme Induced Autism Foundation sobre la correlación entre la enfermedad de Lyme y el autismo, donde se arrojan una serie de datos que son ciertamente preocupantes, ya que refiere una reactividad positiva en varios pacientes con trastorno del espectro del autismo para Borrelia burgdorferi (22%, 26% y 20 a 30%) y 58% para los micoplasmas. Cifras escandalosamente altas sin duda. Y en el año 2012, y en la misma revista, se publica otro artículo(11) en la misma línea, donde se hace un trabajo sobre 5 niños que dieron todos positivo para Lyme y que tenían un diagnóstico previo para TEA, y que tras la administración de antibióticos mejoraron de forma sustancial a los seis meses de tratamiento.



Si a todo esto le sumamos el hecho de que el premio Nobel de medicina, Luc Montagnier -codescubridor del Virus de Inmunodeficiencia Humana-, también afirmó estar trabajando en la misma línea de usar antibióticos con el propósito de curar el autismo(12), pues ya tenemos una vía que genera grandes expectativas en las familias. Aunque el estudio de investigación que el premio Nobel puso en marcha fue extremadamente cuestionado a muchos niveles, ya que las familias que participaban en el mismo debían pagar (que es algo considerado antiético en un estudio de investigación), así como el hecho de que otros 35 premios Nobel se posicionaran en su contra(13), hizo que no solo el prestigio del premio Nobel decayera, sino que le restó credibilidad a su trabajo.

Pero un equipo de investigadores, liderado por Armin Alaedini, profesor asistente de ciencias médicas del departamento de medicina del Instituto de Nutrición Humana del Centro Médico de la Universidad de Columbia, en la ciudad de Nueva York, llevó a cabo un estudio destinado precisamente a verificar si esta alta incidencia era real. Para ellos seleccionaron a un grupo de niños de una zona con alta prevalencia de la enfermedad de Lyme. Seleccionaron muestras de suero de 120 personas, 70 con TEA y 50 en el grupo de control (de 2 a 18 años de edad). Para ello se escogieron dos grupos pertenecientes al Autism Genetic Resource Exchange (AGRE) y al Weill Cornell Autism Research Program (WCARP). Del programa AGRE habían 37 personas con autismo y 27 hermanos sin autismo, y del WCARP 33 personas con autismo, 8 hermanos no afectados y 15 de un grupo de control. Las muestras del programa AGRE correspondían a personas que residen en la zona noroeste de los EE.UU. y los participantes del WCARP residían principalmente en Connecticut, Nueva Jersey y Nueva York, y fueron recogidos a partir del 19 de mayo de 2010 hasta el 7 de marzo de 2012.

Los resultados de las pruebas mostraron que 1 sujeto con autismo dio positivo por ELISA para anticuerpos anti-B burgdorferi IgG, mientras que 4 estaban en el límite por ELISA para IgM. De los 50 niños en el grupo de control no afectados, 4 fueron positivos y 1 estaba en el límite para IgG mediante ELISA, mientras que 1 era positivo por ELISA para IgM. De las muestras que dieron un positivo o en el límite por ELISA se analizaron adicionalmente mediante Western blot y se encontró que eran negativos para anti-B reactividad de anticuerpos burgdorferi. Es decir, que ninguno de los participantes del estudio dio finalmente positivo tras los análisis. Quedando descartada -a priori- esta relación.

Sabemos que la ELISA puede dar falsos positivos y falsos negativos, y por ello siempre se hace una segunda prueba Western blot como verificación. Y los resultados ante una muestra de 120 personas que viven en una zona de riesgo dieron negativo. Según indicó el autor principal del estudio, Armin Alaedini, “Hicimos las pruebas de dos pasos recomendadas por la CDC y no hallamos que ningún niño fuera positivo. El tamaño de nuestra muestra es suficiente para que estos hallazgos puedan descartar una prevalencia alta de enfermedad de Lyme en niños con trastornos del espectro del autismo”. Si además tenemos en cuenta que las muestras se seleccionaron de residentes en una zona donde se dan alrededor del 95% de las infecciones por Lyme en los EE.UU., los resultados de este estudio vienen a desacreditar las hipótesis previas sobre la relación entre la enfermedad de Lyme y el autismo. Aunque quizá la mayor conclusión de los trabajos aquí presentados es que para poder diagnosticar adecuadamente la borreliosis o Lyme, una sola prueba no es suficiente.

Bibliografía:

  1. Lyme disease: review. Grażyna Biesiada, Jacek Czepiel, Maciej R. Leśniak, Aleksander Garlicki, Tomasz Mach Arch Med Sci. 2012 December 20; 8(6): 978–982. Published online 2012 October 8. doi: 10.5114/aoms.2012.30948
  2. Zhang QE, Zhang PH, Li SQ, Li RY, Pei DK. Investigation of Lyme disease in Xinjiang. Chin Med J Engl 1991;104(3):244-6
  3. Carlberg H, Naito S. Lyme borreliosis: a review and present situation in Japan. J Dermatol 1991:18(3):125-42.
  4. Wills MC, Barry RD. Detecting the cause of Lyme disease in Australia. Med J Aust 1991;155(4):275-80
  5. Zahaf A, Boussida S, Boudaya S, Turqui H. Lyme Disease in Sfax. Ann Dermatol Venereol 1994;121(2):177-9.
  6. Lana Peixoto MA. Multiplesclerosis and positive Lyme serology. Arq Neurosiquiatr 1994;52(4):56-7.
  7. Ticks and mosquitoes as vectors of Borrelia burgdorferi in the forested areas of Szczecin. Kosik-Bogacka DI, Kuzna-Grygiel W, Jaborowska M. Department of Biology and Medical Parasitology, Pomeranian Medical U., Szczecin, Poland. Folia Biol (Krakow). 2007;55(3-4):143-6.
  8. Schurtzer SE, Janninger CK, Schwartz RA. Lyme disease during pregnacy. Cutis 1991;47(4):267-8.
  9. Sarah Dotters-Katz, Jeffrey Kuller, and R. Heine. Arthropod-Borne Bacterial Diseases in Pregnancy. Obstetrical & Gynecological Survey. 2013
  10. Bransfield RC, Wulfman JS, Harvey WT, Usman AI. The association between tick-borne infections, Lyme borreliosis and autism spectrum disorders. Med Hypotheses. 2008;70(5):967-974
  11. Kuhn M, Grave S, Bransfield R, Harris S. Long term antibiotic therapy may be an effective treatment for children co-morbid with Lyme disease and autism spectrum disorder. Med Hypotheses. 2012;78(5):606-615
  12. Declan Butler. Trial draws fire. Published online 8 December 2010 | Nature 468, 743 (2010) | doi:10.1038/468743a
  13. Declan Butler. Nobel fight over African HIV centre. Nature 486, 301–302 (21 June 2012) doi:10.1038/486301a
  14. Ajamian M, Kosofsky BE, Wormser GP, Rajadhyaksha AM, Alaedini A. Serologic Markers of Lyme Disease in Children With Autism. JAMA. 2013;309(17):1771-1773. doi:10.1001/jama.2013.618.

Otras fuentes consultadas:

Como citar este artículo:
Daniel Comin (2014). Enfermedad de Lyme (Borreliosis) y Autismo: Ninguna relación Autismo Diario


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Sobre El Autor

Daniel Comín
Director de la Fundación Autismo Diario

Ex-Director y Ex-Editor de Autismo Diario y responsable de supervisión de artículos científicos. Especializado en sistemas de desarrollo y economía sostenible. Co-autor del proyecto de formación técnica y reinserción social de África Central para United Nations Development Programme (ONU). Coordinador del proyecto de salud pública para tribus nativas de Norteamérica. Ha impartido formación, conferencias y talleres sobre autismo de forma ininterrumpida en los últimos años en 6 países. Ha impartido clases magistrales en la Universidad de los Andes (Colombia), ha dado programas formativos especializados en la Facultad de Ciencias de la Educación de la PUCE (Ecuador) y profesor externo de la Facultad de Medicina San Carlos (Guatemala), entre otras múltiples actividades. Ex-supervisor de los programas de investigación de la Fundación Autismo Diario. Director Ejecutivo del Centro Iberoamericano de Referencia para la Atención de Desórdenes del Neurodesarrollo (CIRADEN) Miembro de AETAPI - Asociación Española de Profesionales del Autismo. Padre de un adolescente con autismo. @danielcomin en Twitter

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