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Maltrato infantil y riesgo de autismo en la siguiente generación

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AUTISMOUn estudio epidemiológico de la Facultad de Salud Pública de Harvard dirigido por Andrea Roberts y publicado en la revista JAMA Psychiatry ha encontrado una correlación entre las mujeres que sufrieron abusos en la infancia y la posibilidad de que tengan un hijo con autismo.

La publicación se basa en un gran estudio llamado Nurses’ Health Study II que incluye los datos de una cohorte longitudinal de 116.430 mujeres. No es el primer dato de que esas experiencias difíciles de la infancia afecten a la salud varias décadas mas tarde. Se sabe que las mujeres que sufrieron maltrato en la infancia tienen más probabilidad de fumar, más riesgo de diabetes gestacional y una mayor frecuencia de hijos prematuros. Estas tres condiciones de la madre pueden afectar al desarrollo cerebral del feto. Las mujeres que sufrieron ese maltrato infantil también tienen mayor riesgo de algunos problemas mentales como la depresión o los ataques de ansiedad y de problemas físicos como la obesidad y enfermedades pulmonares pero este estudio muestra que ese daño es capaz de saltar a la siguiente generación.

Los abusos podían ser físicos o emocionales o sexuales y cuánto más graves hubieran sido mayor era el riesgo de tener un hijo con autismo. Para ello se han utilizado unos cuestionarios donde las mujeres valoraban su experiencia que sirvieron a los investigadores para desarrollar una escala de intensidad de los abusos.

El estudio corrige factores demográficos tales como la edad o el estatus socioeconómico de la madre concluyendo que el 2% las mujeres que sufrieron los abusos más graves, es decir las que eran golpeadas frecuentemente y sufrieron abusos sexuales, tenían una probabilidad 3,5 veces mayor de tener un hijo con autismo que las que en sus respuestas no informaban de haber tenido ningún tipo de abuso. Ampliando el rango hasta el 25% de las mujeres con niveles de abuso en la infancia más altos, el riesgo de tener un hijo con autismo era un 60% mayor que el de las mujeres que no tuvieron ningún tipo de maltrato en la infancia.



Cuando los investigadores estudiaron nueve factores relacionados con la infancia que podían intervenir en esta relación, incluyendo el tabaquismo, el alcoholismo, la toxemia, el bajo peso en el nacimiento, la existencia de abortos inducidos previos, el maltrato por la pareja, el parto pretérmino (menos de 37 semanas), el consumo de inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina y la diabetes durante el embarazo, se encontró que estos factores solo “pesaban” el 7% del incremento en el riesgo de dar a luz a un niño con autismo. Eliminando esos factores, un abuso grave triplica la probabilidad de tener un hijo con autismo. Realmente no hay una respuesta a qué es lo que está pasando pero entre las posibilidades está que la mujer que fue maltratada en su infancia tenga modificaciones epigenéticas de su ADN que afecten a su actividad génica y puedan ser traspasadas a su descendencia o que la experiencia del abuso alterase las respuestas del estrés de la mujer lo que a su vez causase una respuesta inflamatoria aberrante que afecte al cerebro en desarrollo de su hijo.

Sería cruel que de este estudio se dedujera que las mujeres que fueron maltratadas de niñas tuvieran dudas ante su deseo de maternidad. Alguno de los investigadores participantes en el estudio explicaba que el autismo sigue siendo una condición rara y que las mujeres que sufrieron abusos no deberían pensárselo dos veces a la hora de afrontar la búsqueda de un hijo. No tienen por supuesto ninguna culpa y el riesgo es bajo. Incluso en el grupo de mayor riesgo, con un historial de maltrato más terrible, menos de una de cada 50 mujeres dieron a luz a un niño que desarrolló autismo.

Este estudio identifica un nuevo factor de riesgo para el autismo y abre una nueva vía de investigación, realmente novedosa. Es necesario entender cómo esa historia de maltrato en la infancia termina causando autismo en un hijo muchos años después e identificar si podemos actuar sobre el mecanismo biológico que debe explicar estos datos y romper esa terrible cadena, un daño sumado a otro daño décadas más tarde, una secuela que salta una generación para sumar una segunda víctima.

Para leer más:

Esta y otras más informaciones de gran interés podéis leerlas en mi blog personal UniDiversidad. Observaciones y pensamientos.


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Sobre El Autor

Doctor por la Universidad de Salamanca. Catedrático de Biología Celular y Director del Laboratorio de Plasticidad neuronal y Neurorreparación del Instituto de Neurociencias de Castilla y León. Ha sido investigador posdoctoral y profesor visitante en la Universidad de Frankfurt (Alemania), la Universidad de Kiel (Alemania), la Universidad de California-Davis (USA) y el Salk Institute for Biological Studies (San Diego, USA). Conferenciante invitado en universidades de España, Alemania, Suecia, Dinamarca, Colombia, Turquía y Estados Unidos. Director de de 15 Tesis Doctorales, 10 de ellas Premio Extraordinario de Doctorado. Ha publicado 9 libros, 28 capítulos de libro y 133 artículos científicos en las principales revistas internacionales de su especialidad. Escribe frecuentemente sobre divulgación científica y el mundo universitario en prensa española (El País, ABC, El Mundo, Expansión,…). http://jralonso.es/

3 Respuestas

  1. Fior Alcantara

    Debemos concientizar a las personas,que manejan este tipo de conducta, y entrenarlos si fuese necesario, para obtener buenos resultados en este proceso donde tiene que prevalecer el afecto fraternar y el amor.

  2. Fior Alcantara

    Es necesario tener las herramientas necesarias , para poder planificar y tener las estrategias metodologicas, adecuadas para cada grupo o alumno de manera especial.

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