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Australia deniega la visa a una joven británica por tener autismo

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El sargento de la policía Peter Threlfall con su hijo Lukas, su esposa Yvonne y su hijastra Sarah


En un acto de total discriminación, las autoridades Australianas han denegado la visa de entrada a una joven británica alegando que no cumple los requisitos de salud. Según informa el diario Australiano “Adelaide Now” la familia de la joven tenía pensado trasladarse a vivir a la localidad de Ceduna en el sur de Australia. Peter Threlfall consiguió un empleo en la citada localidad e inició todo el proceso administrativo para la obtención de la visa de residencia para él y su familia: su esposa Yvone, su hijo Lukas y su hijastra Sarah. Como es obvio, Peter Threlfall, que es sargento de la policía metropolitana de Londres, cumplimentó con rigor toda la documentación, incluyendo que su hijastra Sarah de 25 años tiene autismo. Éste fue el motivo de la denegación de la visa para su hija. Según el Departamento de Inmigración Australiano, Sarah no cumple con los requisitos de salud mínimos, ya que puede convertirse en un gasto extra para los servicios sanitarios.



La indignación que produjo en la familia es obvia, ya que Sarah no es ningún cargo extra para ningún gobierno, es más, Sarah tiene dos empleos en la actualidad y además es voluntaria en el movimiento Scout británico. De hecho la joven tenía previsto estudiar peluquería al llegar a su “nuevo” hogar. Para la familia este acto de discriminación institucional ha supuesto un duro golpe, no solo a nivel anímico, es que además, Peter Threlfall perdió oportunidades de promoción en su actual puesto de trabajo y gastó cerca de 8.000 $ en todo este proceso.

Pero ésta no es una historia aislada fruto de algún incomprensible error administrativo, según “Adelaide Now”, hace dos meses, un doctor de origen filipino, Edwin Lapidario, tuvo que pagar 52.000 $ para evitar la deportación de su hijo con autismo. Esta cantidad ha sido pagada por el centro médico Hackman, que es el lugar de trabajo de Edwin Lapidario. En el 2008 otro médico fue amenazado con ser deportado ya que su hijo tiene Síndrome de Down. Es por tanto un rasero de medir que ya viene de antiguo, y a todas luces atenta contra los derechos de las personas, es un modelo de discriminación en función de la condición de la persona. Parece ser que los derechos universales no han llegado a Australia.


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