Un camino a recorrer: de la familia a la educación de la sexualidad – Parte I

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“La familia es algo así como armar un edificio de juguete sin manual de instrucciones” Ammunni Bala Subramanian


Introducción

 La idea de escribir este artículo, surge de un gran amigo, Daniel Comin, con el que compartimos experiencias en Chile, en un seminario sobre los Trastornos del Espectro del Autismo, recientemente celebrado y donde surgió un tema interesante, controvertido y hasta místico: la sexualidad en la necesidades educativas especiales. Un tema controversial por los tabúes que existen en torno al término y las etiquetas sociales que han impuesto el rótulo de asexuados a jóvenes y adultos con autismo u otro trastorno del desarrollo, quitándoles así el derecho a vivir plenamente su sexualidad como parte inherente del desarrollo de su personalidad.

El tema es extenso, por lo que haré varios artículos sobre el tema, partiendo del núcleo central de la orientación y atención de la educación sexual: la familia. Es un camino a recorrer porque la familia transita una ruta escarpada y difícil desde el diagnóstico, hasta la educación, porque en ese camino están las transmisiones culturales generacionales, tabúes y restricciones, cuando se habla de masturbación, sexo, satisfacción y solo queda espacio para el matrimonio como una concepción donde la procreación de los hijos pone el cierre a otros temas. Sin embargo ese camino es más abierto, más flexible, más rico en vivencias afectivas y sociales, y debe ser ese el legado dejado a nuestros hijos.

Desarrollo

 Margaret Mead dijo: “El hogar es el lugar donde creamos el futuro”. Si meditamos y valoramos estas palabras, encontraremos que el siglo XXI debe movilizarnos a una profunda reflexión y a la búsqueda de alternativas, que permitan la revitalización de la participación de la familia como fuente fundamental de formación y desarrollo de la personalidad de cada uno de sus miembros. En el mundo actual se reconoce que la familia está en dificultades, y algunos escépticos hasta dudan de su supervivencia. Sobre la familia actúan grandes amenazas por las graves crisis económicas y sociales que atraviesan la mayor parte de los países, y muy especialmente los de nuestra América.

Anualmente aumenta significativamente el número de divorcios, se eleva la inestabilidad en la estructura familiar, se incrementan los hogares a cargo de mujeres solas, lo que unido a una incorporación cada vez mayor de la mujer a la vida pública, incrementa la sobrecarga de roles de la madre provocando los correspondientes desequilibrios en el orden psicológico. Se lacera significativamente la comunicación intra-familiar, para la cual queda poco ningún espacio

Consideramos que si bien esta crisis de la macrosociedad que trasciende a la familia, no debe ignorarse, la fortaleza, armonía y potencialidades de una familia pueden contrarrestar y hasta modificar estas condiciones externas.

La familia es el lugar donde nos preparamos para la vida y nos vamos formando como personalidad. Esta función esencial de la familia en la formación y desarrollo de personalidades sanas, es necesario potenciarla y muy especialmente en las condiciones de hijos con necesidades educativas especiales.

Cada familia tiene un modo de vida determinado, que depende de sus condiciones de vida, de sus actividades sociales, y de las relaciones sociales de sus miembros. El concepto incluye las actividades de la vida familiar y las relaciones intrafamiliares, que son específicas del nivel de funcionamiento psicológico de este pequeño grupo humano; aunque reflejan, en última instancia las actividades y relaciones extrafamiliares.

Las actividades y relaciones intrafamiliares, que los estudiosos agrupan -fundamentalmente por su contenido- en las llamadas funciones familiares, están encaminadas a la satisfacción de importantes necesidades de sus miembros, aunque no como individuos aislados, sino en estrecha interdependencia. El carácter social de dichas actividades y relaciones viene dado porque encarnan todo el legado histórico social presente en la cultura; porque los objetivos que satisfacen esas necesidades y la forma misma de satisfacerlas han devenido con la cultura en objetos sociales. Estas actividades y relaciones intrafamiliares tienen la propiedad de formar en los hijos las primeras cualidades de personalidad y de transmitir los conocimientos iniciales que son la condición para la asimilación ulterior del resto de las relaciones sociales.

El concepto de función familiar, comprende la interrelación y transformación real que se opera en la familia a través de sus relaciones o actividades sociales, así como por efecto de las mismas.

La familia desempeña una función económica que históricamente la ha caracterizado como célula de la sociedad. Esta función abarca las actividades relacionadas con la reposición de la fuerza de trabajo de sus integrantes; el presupuesto de gastos de la familia en base a sus ingresos; las tareas domésticas del abastecimiento, el consumo, la satisfacción de necesidades materiales individuales, etc. Las relaciones familiares que se establecen en la realización de estas tareas y la distribución de los roles hogareños son de gran valor para caracterizar la vida subjetiva de la colectividad familiar. En esta función también se incluye el descanso, que está expresado en el presupuesto de tiempo libre de cada miembro y de la familia como unidad.

La función biosocial de la familia comprende la procreación y crianza de los hijos, así como las relaciones sexuales y afectivas de la pareja. Estas actividades e interrelaciones son significativas en la estabilidad familiar y en la formación emocional de los hijos. Aquí también se incluyen las relaciones que dan lugar a la seguridad emocional de los miembros y su identificación con la familia.

La función espiritual – cultural comprende, entre otras cuestiones, la satisfacción de las necesidades culturales de sus miembros, la superación y esparcimiento cultural, así como la educación de los hijos. Algunos autores diferencian además la función educativa que se despliega en buena medida a través de las otras enumeradas hasta aquí, pues todas ellas satisfacen necesidades de los miembros, pero a la vez, educan a la descendencia, y de esta manera garantizan aspectos de la reproducción social.

La comunicación desempeña importantes funciones informativas, regulativas y afectivas, cuestiones que están indisolublemente ligadas. La misma expresa las necesidades e intenciones de los miembros del grupo familiar, y ejerce una influencia en sus motivos y valores, condicionando las decisiones vitales de todos. Sin embargo esta función vital de la familia se dispersa por los conflictos económicos, y la vida vertiginosa en la que estamos inmersos, donde un papel rosa pegado en un refrigerador, pasó a ocupar el lugar de las palabras y el lenguaje corporal, necesario e importante dentro de la vida de la familia.

En su seno las actividades comprendidas en las distintas funciones mediatizan el desempeño de roles, las relaciones interpersonales, los afectos familiares, la identificación entre sus miembros, la empatía y la cohesión. Esto ocurre en un proceso de ontogénesis en el cual va enriqueciendo sus actividades hasta desarrollar y desplegar plenamente sus funciones.

Al constituirse la familia, sus integrantes aportan a las nuevas interrelaciones los condicionantes que traen de otros grupos humanos de procedencia y referencia, pero en la medida en que desarrollen las funciones específicas -económica, biosocial, espiritual- comienza a producirse la mediatización de las relaciones por las actividades significativas. Esta peculiar ontogénesis se inicia por la formación de una actitud de los miembros hacia el contenido de sus actividades fundamentales. Pero esos contenidos están socialmente condicionados: en el proceso se produce la apropiación de los valores sociales relativos al modo de vida familiar, que son expresión del modo de vida social. El comportamiento pautado socialmente para una madre y un padre, es un medio sociocultural determinado, está expresado en estos valores o modelo social de familia.

A medida que la función educativa familiar se despliega y se hace más compleja, las actividades educativas también van a mediatizar toda una esfera de relaciones entre los miembros de la familia. En cierta etapa de lo que se ha dado en llamar ciclo vital, los miembros adultos tienen una actitud más o menos consciente y dirigida ante el contenido, los objetivos, etc., de las actividades que realizan en el hogar encaminado a la educación y formación de la descendencia.

La educación familiar, aunque en ocasiones no está conscientemente dirigida, constituye el eslabón inicial de la formación que la sociedad proporciona al individuo, puede ejercerse sin propósitos conscientes, no tiene el carácter sistemático de la educación escolar, pero los padres tienen una potencialidad educativa que las instituciones sociales, y especialmente la escuela, deben estimular convenientemente. Cuando los padres llegan a adquirir ciertos conocimientos y desarrollar determinadas habilidades, pueden ser capaces de autorregular la función educativa familiar.

Para hacer efectiva esta labor de potenciación familiar se requiere tener en cuenta algunos principios básicos, entre los que podríamos destacar los siguientes:

La familia, como categoría histórica social y psicológica, se construye de su historia, la cultura que la antecedió y asume el contexto social donde le correspondió formarse y desarrollarse. Su estructura está influenciada por los cambios que se producen en el sistema sociopolítico y económico, al mismo tiempo que conforma su psicología individual y como grupo, en esa institución que crea.

La familia, como sistema dinámico evolutivo abierto, es susceptible de continuas transformaciones, si se estimula e incentiva la posibilidad necesaria de cambio. Las relaciones y contradicciones generacionales en el contexto familiar, no tienen obligatoriamente un carácter negativo, por el contrario pueden convertirse en una fuerza motriz para el desarrollo de la institución familiar.

La relación entre lo general, particular y singular en el mecanismo de la dinámica familiar se expresa en la coexistencia de regularidades de funcionamiento que son inherentes a todos sus miembros, a la vez que cada uno aporta sus características personales, brindándole un sello particular a su interacción en el medio familiar, lo que repercute en el carácter diferenciado de una familia con respecto a otra a pesar de coincidir problemas comunes.

El enfoque ecológico del funcionamiento familiar, que se traduce en la individualidad no solo determinada por los componentes psicológicos personales y de interacción intra-familiar, sino por aquellos que se ubican en un plano inter-familiar, referidos al contexto regional, local y comunitario más inmediato, propicia una influencia en el estilo de vida y provoca determinadas respuestas en presencia de esas condiciones.

El enfoque ontogenético del desarrollo de la familia, implica reconocer cómo se ha ido produciendo el proceso de estructuración, organización y crecimiento familiar. Para comprender la familia actual es necesario conocer la familia que le dio origen y como transcurrieron las etapas evolutivas desde su formación inicial. Se requiere identificar la necesaria confrontación que se origina entre genero y edades, cómo se ha desarrollado el escenario de comprensión, comparación, respecto, amor, comunicación y frustración, lo que constituye elemento importante en la formación del sistema de valores individual y del grupo familiar. En esencia, es explicar cómo ha sido la calidad en la acción e interacción de las funciones biológica, económica, educativa y afectiva, lo cual define en última instancia la identidad y autenticidad familiar.

 Formas de organización familiar

  • Modelo piramidal:En él priman los modelos autocráticos de poder, el padre está colocado en la cima de una pirámide. Por debajo de él, en un segundo estrato se encuentra la madre con el rol de “brazo ejecutor” de las órdenes emanadas de arriba y vehículo de las necesidades de los hijos
  • Modelo circular: La autoridad y el poder se han diluido y son ejercidos por el acuerdo de todo el núcleo, pudiendo cualquiera de sus integrantes ser el iniciador de conductas familiares.

Funcionalidad y disfuncionalidad familiar. El Equilibrio Dinámico de los Sistemas

 Se considera a la familia como una totalidad, ya que, tomada en conjunto, trasciende las características de cada uno de sus miembros y posee una complejidad propia, es decir, es más que la suma de las partes.

Podemos ver entonces a la familia como un sistema en que sus componentes pueden ser entendidos como “unidades que establecen relaciones estables con otras unidades. Esto significa que cada sistema es a su vez componente o forma parte de otro sistema mayor. A esta idea se hace referencia cuando se habla de sistemas y de subsistemas. Este concepto es también definido como “recursividad”, puesto que en los distintos niveles sistémicos se repiten la organización básica que hemos descrito, es decir, la totalidad, los límites, la interdependencia, etc. Se puede decir de la misma manera que las familias están organizadas en comunidades y que en su conjunto constituyen una sociedad. Visto esto desde la organización interna de las familias, se considera que en ellas las relaciones se organizan en diversos subsistemas:

  • Sub sistema conyugal
  • Sub sistema parental
  • Sub sistema fraterno

El concepto de homeostasis alude a la tendencia de cualquier sistema a mantener la constancia, estabilidad o sus condiciones, con respecto a los límites definidos en relación con su ambiente y con respecto a sus relaciones internas. Podría parecer contradictorio hablar de homeostasis o estabilidad si estamos hablando de seres vivos, sistemas que están en constante cambio al interior de ellos y con los sistemas de su contexto.Sin embargo, al hablar de homeostasis tenemos que pensar en un equilibrio dinámico, esto es, por una parte, una tendencia natural a preservar su constancia y estabilidad en el tiempo y por otra parte una tendencia a cambiar para adaptarse a nuevas experiencias y situaciones. Dicho de otro modo, no se refiere a una estabilidad rígida, sino a la constante calibración del sistema.

La funcionalidad en la familia se alcanza cuando los objetivos familiares o funciones básicas se cumplen plenamente y cuando se obtiene la finalidad (generar nuevos individuos a la sociedad) en una homeostasis sin tensión, mediante una comunicación apropiada y basada en el respeto de las relaciones intrafamiliares.

Cuando se llega a la homeostasis, es cuando la familia conserva o mantiene sus pautas y modos de actuar tanto tiempo como le es posible, poniendo resistencias a los cambios mediante mecanismos de regulación llamados homeostáticos.

  • La homeostasis sin tensión la podemos considerar cuando se logra un estado estable de intercambioy la comunicación se alcanza sin el empleo de mecanismos homeostáticos que impongan tensión al campo psicoafectivo y social familiar. Aquí los roles están bien definidos, cada cual asume su papel en estrecha relación con el otro y se siguen normas y pautas estables de educación, espiritualidad, económicas y otras.
  • La homeostasis bajo tensión nos indica que el estado estable se alcanza con el sufrimiento y la imposición de mecanismos homeostáticos rígidos e inmodificables. Aquí el sistema tiende a cerrarse y se produce un notorio desequilibrio, por lo que esa conservación de pautas no se da. En mi experiencia particular, a este tipo de homeostasis le llamo “matrimonio en divorcio” pues aunque el vínculo principal que constituye la familia, que es la pareja, esté disuelto y se hayan roto los vínculos comunicativos y afectivos entre ellos, se insiste mantener el matrimonio “por el bien de los hijos”sin percatarse que ese daño que quieren evitar se hace más patente y es irreparable.
  • La ruptura de la homeostasis sucede cuandoel equilibrio no puede sostenerse y se rompe, produciéndose la desintegración familiar.

La homeostasis varía de una familia a otra, dependiendo de la etapa del ciclo vital en que se encuentre. Para mantener el equilibrio, cada familia se sostieneen valores, reglas y normas que condicionan y marcan las relaciones tanto con el medio interno como con el externo. Frente a comportamientos conflictivos o ante estímulos externos que tengan un efecto desestabilizador, se ponen en juego mecanismos de retroalimentación que protegen la homeostasis familiar.

La familia y la necesidades educativas especiales

Según Fernández Mouján (1986:162) es una unidad que tiene una identidad propia que la define, tiene además una estabilidad: la estructura que permitirá el inter-juego dinámico que la identidad propone. Otro elemento básico dentro de esta unidad es la satisfacción, que como tal tiene necesidades elementales, orgánicas, además de otras más alejadas de lo orgánico. Posee un ciclo vital que recorre varias etapas: el noviazgo, desprendimiento, matrimonio, la crianza de los hijos, la adolescencia de los hijos, el “Nido vacío” y la vejez. La pareja transita por cada una de ellas y el pasaje de una a otra es vivenciado como crisis.

Identidad, estabilidad y satisfacción, son tres características básicas de la familia:

  • La identidad de la familia se define como una identidad grupal que adquiere un total sentido como relación de un “nosotros” en contraposición de un “yo” individualista. (Ibid 163)
  • Con respecto a la estabilidad, se refiere a la estructura familiar, “sería la organización que permite mantener la unidad del grupo especialmente en los momentos de desacuerdos o ansiedad. Controla de manera explícita e implícita las acciones y emociones que surgen”. (Ibid:163)
  • La satisfacción sería “la capacidad de elaborar (o sea de transformar) las relaciones durante los períodos de inicio de acciones o ansiedades motivadoras tanto por fuerzas externas e internas”. (Ibid:164)

Tras la comunicación del nacimiento de un niño con problemas físicos evidentes sorprende a la familia en su conjunto, que al no estar preparada, reacciona en el encuentro con ese bebé con sentimientos contradictorios, amor y rechazo, al no coincidir con las expectativas del “hijo ideal” y enfrentan a los progenitores a la frustración de los anhelos y fantasías, provocando una profunda herida narcisista, de difícil y lenta recuperación. (Giberti, E. 1999).

Varios autores, (Paniagua, Scheffeld, Levin, Soifer, entre otros), coinciden en general, en la descripción del comportamiento que adopta cada miembro de la familia. Sostienen que tras el diagnóstico, los padres utilizan diferentes mecanismos de afrontamiento, produciendo reacciones emocionales que afectan sus relaciones matrimoniales, con el niño con problemas, con los demás hijos y el resto de la familia, su entorno social, laboral y por ende, el clima familiar, influyendo en su funcionamiento psicosocial posterior.

El primer beso

El nacimiento de un hijo con diversidad funcional, despierta familiarmente conflictos inconscientes (propios de cada uno1) y conscientes como la toma de decisiones acerca de los profesionales, tratamientos y opciones educativas, que suponen un importante esfuerzo para los padres. Estos se verán con una ajustada agenda para coordinar los diferentes especialistas que asistirán a su hijo, sumándose la difícil tarea de encontrar personas que atiendan al niño, lo cual les permitirá trabajar, desarrollarse profesionalmente y tener momentos de esparcimiento. A estos aspectos se le suma el factor económico ya que la concreción de estos tratamientos especiales implican una erogación importante, a lo que cabe agregarle que en algunos casos, uno de los padres ha abandonado el trabajo para dedicarse a su hijo. (Paniagua. 2001)

Lo expuesto lleva a un cambio importante en la dinámica familiar y en la perspectiva de futuro, ya que un niño con cierta necesidades educativas especiales, implica aceptar que no sólo hay que criarlo y educarlo, sino que también requerirá de asistencia especial el resto de su vida. Esto no coincide con lo planificado familiarmente y es necesaria una reformulación de lo proyectado, despertando ansiedades en los padres quienes a veces adoptan actitudes de rechazo o sobreprotección.

La necesidades educativas especiales actúa como un elemento desestabilizador de la dinámica familiar (independientemente de la capacidad de adaptación e integración que tenga la familia ante las situaciones de crisis) produce un gran impacto psicológico y bloqueo emocional. Para los padres desaparece, transitoriamente, de su mundo cualquier otra realidad (los demás hijos, el trabajo, el entorno familiar y/o social, lo sexual, etc.) que no sea su hijo, su enfermedad y su tratamiento y adoptan un comportamiento particular, quieren vivir intensamente todos los momentos, no se dejan ayudar, se sienten amenazados por la posible pérdida del niño, etc.

Las reacciones ante el diagnóstico no son idénticas entre el padre y la madre, probablemente esto se deba a la influencia de estereotipos culturales concernientes a los roles masculinos y femeninos. La madre, que juega un papel clave en la adaptación de la familia, está centrada en la problemática de este hijo con el que mantiene relaciones de sobreprotección, indulgencia excesiva, etc. Ella manifiesta más ansiedad y peligro psicológico que el padre y/o el niño enfermo, su estado afectivo depende del estado de salud de su hijo, presenta problemas de sueño y apetito y se siente a gusto al tener que dedicarse al cuidado del niño. (Paniagua. 2001). De esta manera rompe con otros roles establecidos como la relación de pareja, la comunicación se ve disminuida, dando lugar a situaciones cada vez más complejas.

 Conclusiones

El sistema relacional de una familia no es homogéneo. Las relaciones son diferenciadas y por lo tanto existen distintas funciones y roles dentro del sistema. Y esto nos lleva a pensar en los límites, los que marcan fronteras, divisiones, permiten hablar de lo que está adentro y lo que está afuera y que se convierten en un eslabón importante dentro de la dinámica familiar y la educación de los hijos.

La familia no es un grupo estático ni invariable, sino que permanece en continuo proceso de transformación: constituida por seres humanos en proceso de formación, por las relaciones entre sus miembros, el cambio de estructuras o sistemas de vida y por las características propias que otros sistemas sociales imponen sobre ella: educación, sociedad, religión, entre otros, pero la realidad actual del grupo familiar y sus funciones está sujeta y es resultado de los cambios o procesos de transformación estructural que sufre, por lo que se plantea un cambio de poderes que permitan un equilibrio en la responsabilidad compartida en los roles familiares.

Todo grupo familiar, independientemente de la existencia de necesidades educativas especiales en uno de sus miembros, debe pasar por distintas etapas en las cuales se producen incertidumbres y cambios. Estas incertidumbres se agravan más y se suelen presentar difíciles al tener que tomar distintas decisiones con un hijo con necesidades educativas especiales: la edad preescolar, la edad escolar, la adolescencia, la adultez, la mediana edad y la edad. La duración de estas etapas es variable al igual que su intensidad. Cada periodo recoge del que le precede, así como sus experiencias previas. A lo largo de todo el ciclo vital por el que pasan las familias, las reacciones y los sentimientos que experimentan aquéllas que tienen un hijo con necesidades educativas especiales van a pasar por distintas fases, en función de las nuevas responsabilidades que deben asumir ocasionadas por las propias tareas del desarrollo y su inserción en los distintos entornos o ambientes sociales.

Por eso es importante el abordaje de la familia desde la terapéutica, ya que para transitar por estas etapas, donde la homeostasis sufre un severo desequilibrio, necesitan guía, apoyo y comprensión.

Bibliografía

  1. Álvarez González B. Orientación familiar. Intervención familiar en el ámbito de la diversidad. Madrid: Sanz y Torres. 2003
  2. Arés, P. Mi familia es así. Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1990
  3. Bizquerra Alzina R. Modelos de orientación e intervención psicopedagógica. Barcelona: Praxis. 2003
  4. Castro Alegret, Pedro Luis: Sexualidad y Necesidades educativas especiales. 2000
  5. Castellano, Simons, Beatriz: El discapacitado como protagonista de la educación de su sexualidad.
  6. Craft, M. y Craft, A. Sex and the mentally handicaped. Routledge, New York, 1989.
  7. De Codés Martínez M y Álvarez González B. Orientación familiar. Madrid: UNED. 2002
  8. Hidalgo, C.G., y Carrasco, E. (1999) Salud Familiar: un modelo de atención integral en la atención primaria. Santiago de Chile. Ediciones Universidad Católica de Chile
  9. ¿Qué es la familia y cómo se educa a los hijos? R. Pedagogía Cubana, No. 4, La Habana, 1989. 
  10. Masters, W., Johnson, V. y Kolodny, R.: Tratado de medicina sexual. Editorial Científico-Técnica, La Habana, 1988.

1) Los conflictos inconscientes propios de cada miembro de la familia, no son desarrollados en este escrito, ya que es un tema muy profundo que debe ser abordado en un trabajo más amplio.

© Elaime Maciques, todos los derechos reservados.
Este artículo no puede ser reproducido ni copiado sin autorización expresa.

  1. Un camino a recorrer: de la familia a la educación de la sexualidad Parte I
  2. Un camino a recorrer: de la familia a la educación de la sexualidad Parte II 
  3. Un camino a recorrer: de la familia a la educación de la sexualidad – Parte III
  4. Un camino a recorrer: de la familia a la educación de la sexualidad Parte IV

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9 Respuestas

  1. cynthia

    muchas gracias porel gran aporte , solicito su autorizacion para publicar elmaterial ya que es una tematica que esta actualmente siendo expuesta en el curso donde trabajo
    mis niños presentan bajas capacidades y sus padres desean mayor informacion sobre el temade como dirigir las conductas sexuales de exploración entre otros puntos
    desde ya estoy agradecida de cualquier información .

  2. julio

    Gracias. En serio; gracias por vuestra humanidad que se refleja en la mayor parte de vuestro trabajo. Ojalá que no os canséis y sigáis en esta línea. Os felicito.

  3. Hubert Valverde

    Precisamente estaba x buscar información sobre estudios serios en el tema de sexualidad, sobre todo cuando hablamos específicamente de las funciones erógenas. La experiencia dicta mucha problemática y realmente desconozco la formalidad profesional con la que se maneja esta parte integral del ser humano.