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Los adultos con autismo podrían no comprender las intenciones de los demás

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Un estudio encuentra que tienden a juzgar los errores de otras personas de forma estricta. Las personas que tienen de Autismo de Alto Funcionamiento tienen dificultades para comprender las intenciones de los demás, según muestra una investigación reciente.


Esta falta de comprensión tiende a hacer que los adultos con autismo, incluso los que tienen cociente intelectual (CI) altos, juzguen a los demás con dureza, lo que podría plantear problemas para formar y mantener las relaciones, según encontró el estudio.

Investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) pidieron a trece personas con de Autismo de Alto Funcionamiento y síndrome de Asperger, cuyo CI promedio era de 120, y a trece adultos neurotípicos que respondieran a preguntas sobre problemas morales en que una persona tenía buenas intenciones pero terminaba haciendo daño.

En un ejemplo, alguien quería echar azúcar al café de un amigo, pero en su lugar echaba veneno. En otro, dos amigos van haciendo piragüismo en aguas infestadas de medusas. Un amigo acaba de leer que las medusas son inocuas y sugiere que naden. Pero el otro resulta atacado y muere.

Las personas con autismo juzgaron más duramente a las personas cuyas acciones causaron el daño, mientras que las que no tenían autismo enfatizaron más las buenas intenciones de la persona.

“Los adultos con un Trastorno del Espectro del Autismo eran menos propensos a tomar en cuenta la información sobre la intención que una persona neurotípica. Eran más propensos a formar un juicio estricto de esa persona y menos propensos a perdonar”, señaló la coautora del estudio Liane Young, asociada postdoctoral del MIT.

Los hallazgos aparecen en la edición en línea del 31 de enero de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

Cada día, tenemos que hacer juicios sobre las intenciones de los demás para decidir qué tanto nos enojamos con un comentario grosero o la equivocación de un compañero de trabajo.

“Es realmente importante tener en cuenta los pensamientos, creencias e intenciones de los demás, no solo para hacer juicios morales sino también para darnos cuenta de qué hacen y por qué”, señaló Young. “Para realmente entender a la gente, saber lo que piensan y sus intenciones es importante”.

La capacidad de comprender las intenciones, deseos y creencias de los demás se conoce como “teoría de la mente”. Por lo general se desarrolla a los cuatro o cinco años de edad, según el estudio.

En un ejemplo clásico, se muestran dos muñecas a una niña “María” y “Ana”. El experimentador presenta un entremés teatral en el que María coloca una canica en una canasta. Cuando María no la observa, Ana cambia la canica de la canasta a una caja. El experimentador le pregunta al niño dónde buscará María la canica cuando regrese.

Saber que María buscará en la canasta requiere una comprensión de que los otros tienen creencias que podrían ser distintas a las nuestras.

Estudios anteriores han mostrado que los niños con autismo desarrollan esta capacidad más tarde que otros niños, o no lo hacen, apuntó Young.

Pero lo que ha resultado difícil desde la perspectiva de la investigación es que los adultos con autismo de alto funcionamiento desarrollan medios para compensar por sus dificultades sociales, y es casi seguro que pudieran resolver el problema de las muñecas, señaló Clara Lajonchere, vicepresidenta de programas clínicos de Autism Speaks.

Los investigadores han tenido más dificultad en evaluar las habilidades más complejas y sutiles requeridas para hacer juicios sociales, algo que este estudio logra muy bien, aseguró Lajonchere.

“Los individuos con un TEA [Trastorno del Espectro del Autismo] sopesaron el resultado más altamente que la intención”, explicó Lajonchere. “El grupo de TEA no juzgó con precisión el daño accidental frente al intencional”.

Pero de muchas formas, las personas con y sin autismo eran bastante similares. Dadas otras situaciones, como tener malas intenciones y causar daño, o tener malas intenciones pero lograr un buen resultado sin planificarlo, las respuestas de ambos grupos fueron similares.

Y no hay necesariamente una respuesta correcta o incorrecta sobre qué tan preparados debamos estar para perdonar o dar a otra persona el beneficio de la duda cuando han causado daño a otro. Incluso los que no tienen autismo varían mucho en esta capacidad, apuntó Young.

FUENTES: Liane Young, Ph.D., postdoctoral associate, Brain and Cognitive Sciences, Massachusetts Institute of Technology, Cambridge, Mass.; Clara Lajonchere, Ph.D., vice president, clinical programs, Autism Speaks; Jan. 31, 2011, Proceedings of the National Academy of Sciences

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