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La tarea de abrir puertas de la comunicación, el lenguaje y la relación intersubjetiva a personas que no podrán adquirir esas funciones sin ayuda explícita, es una tarea fascinante. Riviére, 1997.

El estudio del autismo ha recorrido un largo camino desde que Leo Kanner lo describiese en 1943. Ha sido un camino lleno de controversias y debates relativos tanto a la naturaleza del problema, como a sus causas y a sus procedimientos de intervención. Quizá uno de los puntos en los que todavía hoy siguen existiendo grandes lagunas de conocimiento, es en la etapa previa a los dos años de vida del niño con autismo.

Es curioso observar como la mayoría de autores comienzan a describir al niño en torno a los 18 meses de edad. Todos parecen coincidir en que existe un patrón de conducta alterado y una serie de dificultades manifiestas, pero pocas veces se habla de qué ocurre antes de esos 18 meses. ¿Existen marcadores de comportamiento temprano que ayuden a la identificación precoz del trastorno?

Kubicek (1980) y de Sparling (1991) analizaron en laboratorio la interacción temprana de dos niños con autismo menores de seis años. En el trabajo de Kubicek se estudia cara a cara la interacción de una madre con sus dos hijos gemelos, grabados por separado, cuando tenían 4 meses. Uno de los dos hermanos fue posteriormente diagnosticado de autismo y ya con 16 semanas, se observaba en él falta de contacto ocular, expresión emocional neutra y una postura rígida. Sin embargo en el gemelo que se desarrolló de forma típica, se observó una reciprocidad socioemocional con su madre que se hacía más evidente por su ausencia en el niño posteriormente con diagnóstico de autismo. El trabajo de Sparling se trata de un estudio de seguimiento de niños con riesgo neonatal desde el nacimiento hasta los tres años. En él se observó cómo un niño de tres meses tenía un retraso evidente en las pautas de interacción, poco contacto ocular, una tolerancia muy baja a la frustración y un gran esfuerzo por parte de la madre para que el niño mantuviese la atención. Posteriormente el niño fue diagnosticado de autismo.

Bebé recién nacido ya establece un primer contacto visual con el padre

Los estudios de Baron-Cohen 1992 y Braird y col. 2000 han permitido el desarrollo de un instrumento de screening (CHAT) para la detención precoz del autismo, basándose en la ausencia de tres conductas: protodeclarativos, orientación visual y juego de simulación. El instrumento está elaborado para niños a partir de los 18 meses de edad. Los autores no explican si existen alteraciones con anterioridad al año y medio de vida.

Hobson (1993, 1995), en la misma línea de Leo Kanner, afirma que los niños nacen sin pautas de intersubjetividad primaria, aunque él no lo pudo demostrar. Hobson, citado en Matos (2002) afirma que los niños con autismo nacen con una dificultad para comprender a las personas, sus sentimientos, pensamientos, ideas o emociones.

Adrien et al., 1993 afirma que ya durante el primer año de vida de los niños con autismo, estos muestran una interacción social reducida, ausencia de sonrisa social, falta de orientación al nombre, ausencia de actos de señalar/mostrar, menor orientación visual a las caras, ausencia de imitación espontánea y tono muscular, postura y patrones de movimiento anormales.

Trevarthen et al (1996) por una parte, insiste en que la capacidad para acceder a la mente de los demás es innata y por otra, otorga un papel importante a las emociones en los procesos de comunicación, siendo las emociones la base que subyace a los procesos interpersonales e intersubjetivos. Trevarthen afirma que en la comunicación en edades tempranas debemos de diferenciar dos grandes puntos:

  • El bebé dirige sus pautas de comunicación a objetos (protoimperativos)
  • El bebé dirige sus pautas de comunicación hacia un adulto, solo por el hecho de compartir algo (protodeclarativos.)

El autor sitúa el origen del autismo en la alteración de estos procesos primarios, careciendo de esta forma el niño con autismo de motivos para cooperar y entenderse.

Rivieré y Martos (1997) afirman que el niño nace con pautas de intersubjetividad y de comunicación social, pero que poco a poco las va perdiendo. Según estos autores es alrededor del año o año y medio, donde las características del trastorno son más evidentes. Los autores afirman que se encuentran menos anormalidades evolutivas en bebés de 6-7 meses con autismo que en el periodo que abarca los 7-12 meses. “Será a partir de los 12 meses, cuando se empieza a observar una mayor desviación de los niños con autismo respecto al desarrollo típico.” Para corroborar sus afirmaciones realizaron un estudio “Ex post facto” sobre 100 casos de autismo. En los estudios retrospectivos se indica que solo tres familias se habían preocupado antes de que el bebé cumpliese los 3 meses de vida. Cincuenta y siete familias se habían preocupado en el segundo años de vida. Dieciocho familias entre los 24 y los 30 meses de vida, y solo cuatro familias entre los 36 y 42 meses. En los estudios se muestra que el 97% de los niños con autismo no producían a la edad adecuada conductas de comunicación intencionada para compartir experiencias (protodeclarativos) y el 95% indicaban que no producían comunicación para pedir (protoimperativos). El estudio finaliza con la conclusión de que los bebés con autismo tienen una propensión a presentar pautas limitadas disminuidas en frecuencia o en “intensidad expresiva”, de expresión de sus emociones y motivos. Los autores describen un patrón claro de desarrollo del niño con autismo. (1) Normalidad aparente en los 8 o 9 primeros meses de desarrollo(1). (2) Pérdida de conductas de comunicación intencionada. (3) Clara manifestación de la alteración cualitativa del desarrollo que suele coincidir precisamente con el comienzo de la llamada “fase ilocutiva” del desarrollo. (2)



En la misma línea de Riviré y Martos, Erikson y Chateau (1992) describen un patrón de desarrollo típico de algunos niños con autismo. En sus estudios mencionan a una niña que mostró un desarrollo normal hasta los 13 meses. Las grabaciones domésticas de vídeo y las informaciones de los padres indicaban que la niña decía adiós, jugaba a juegos sociales, balbuceaba, y jugaba con juguetes de un modo apropiado. Pero a partir de los 13 meses empezó a perder el interés sobre lo que ocurría alrededor, en los vídeos se la veía muy callada y alejada de los demás, menos activa con sus juguetes y más concentrada en actividades repetitivas. Fue diagnosticada de autismo a los 2 años y 7 meses.

Por el contrario, Werner y Dawson et al. 2005. Afirman que los bebés de 12 meses que posteriormente tendrán autismo no se diferencian de otros niños en la búsqueda de contacto físico con el adulto, en la participación de juegos sociales sencillos y en el juego con objetos.

En un punto quizá más intermedio encontramos las afirmaciones de Cardoze (2010) y de Ozonoff (1991). El primer autor afirma que “[El autismo] se expresa fenomenológicamente por conductas que se presentan temprano en la vida de la persona, tan precozmente como las primeras semanas de vida, aunque pueden también empezar a presentarse a lo largo del primer año o entre el primero y el segundo. Las características pueden variar en diferentes momentos de su desarrollo. El segundo autor afirma que sí que existen pautas de comunicación social y de interacción en los bebés con autismo, pero afirma que son diferentes a las de los bebés con un desarrollo típico.

sensibilidad auditivaEn relación a los estudios neurológicos, algunas revisiones recientes (Courchesne y Pierce, 2005; Redcay y Courchesne, 2005) llegan a la conclusión de que si bien en el momento del nacimiento el cerebro de los niños con autismo tiene un tamaño ligeramente menor o bien similar al de los niños con un desarrollo típico, en el primer años de vida se produce un crecimiento desproporcionadamente acelerado, que se detiene abruptamente a partir de que el niño alcanza la edad de de los 2-4 años. Los resultados indican que a partir de esa edad la velocidad del crecimiento se ralentiza, hasta que en la adolescencia y en la edad adulta, no hay diferencia en el tamaño del cerebro entre personas con autismo y con desarrollo normotípico. Los autores mencionados, sugieren que el periodo de desaceleración en el crecimiento del cerebro precede y coincide con la aparición de los primeros síntomas, mientras que la posterior desaceleración es simultánea al período de empeoramiento de los síntomas a lo largo del segundo año de vida, asociándolos así esta característica neuroevolutiva con la pérdida de habilidades previamente adquiridas. Estos estudios se pueden relacionar con los estudios de Rivieré y Martos, explicado anteriormente, en donde afirman que existe un patrón de desarrollo “normal” y que posteriormente esas habilidades adquiridas parecen perderse.

Cuxart, F. (2000) afirma que “la profunda heterogeneidad de los síndromes del autismo impide establecer un patrón prototípico del desarrollo inicial del mismo”.

Por otro lado, Werner y Dawson, 2005, afirman que el comportamiento social atípico puede ser el mejor indicador temprano para diferenciar a los TEA de los niños con desarrollo normotípico o con retraso en el desarrollo, aunque las diferencias respecto a los niños con retraso se observan a una edad más avanzada.

Es coherente pensar que la inconsistencia de los datos procedentes de los estudios expuestos en cuanto a que no todos los niños presentan anomalías antes de los 12 meses, sugiere la existencia de pautas diferentes en la presentación de los síntomas de autismo.

NOTAS:

1 La primera fase descrita coincide con el primer subperiodo sensiormotor de Piaget (1969)

2 La pérdida de ese patrón de referencia conjunta coincide con el segundo periodo sensoriomotor de Piaget (1969) en donde aparece la comunicación intencionada y la conducta del niño se hace más estratégica y propositiva. Los estudios de PET con bebés humanos afirman que es a los 9/18 meses cuando los lóbulos frontales se van haciendo funcionales.

Sobre el Autor:

Jorge Sebastián Ramos

Maestro de Educación Especial y psicopedagogo por la Universidad de Zaragoza. Ha trabajado como maestro en un colegio de Educación Especial varios cursos seguidos y actualmente trabaja como tutor de un aula TEA (Aula Birabolas) en el Colegio Del Salvador (Jesuitas) en Zaragoza.


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